En los últimos 30 años, Cuba ha logrado importantes avances en la práctica, ciencia y expansión del movimiento agroecológico, considerado a menudo un ejemplo. Sin embargo, la adopción y sostenibilidad de la agroecología han sido desiguales a lo largo del tiempo y entre distintas regiones. Las recientes reformas políticas están creando las bases para una mayor difusión de la agroecología en todo el sistema alimentario, con el objetivo de alcanzar la soberanía alimentaria.
Este artículo resume algunos de los programas y políticas clave que permitieron el arraigo de la agroecología en los primeros años de la transición. Luego, se describen las reformas más recientes, incluyendo los esfuerzos hacia una política pública nacional de agroecología.
La necesidad de lograr la autosuficiencia alimentaria
Desde la colonización española, la agricultura cubana se ha enfocado en la producción extensiva de monocultivos para la exportación, en lugar de centrarse en la autosuficiencia alimentaria. Este modelo se sustentaba en la explotación intensiva de personas y recursos naturales. Con la Revolución Cubana de 1959, liderada por Fidel Castro, Cuba experimentó un cambio político y económico hacia un gobierno socialista, que priorizó la ciencia, la educación y la solidaridad social.
Esto resultó en una sociedad bien informada, con sólidas instituciones de investigación y agricultura. Durante los años 80, con el apoyo de la Unión Soviética, Cuba se convirtió en el país con mayor uso de pesticidas, fertilizantes y tractores en América Latina y el Caribe.
La caída de la Unión Soviética en 1991, junto con la crisis económica que siguió, reveló la vulnerabilidad del sistema agrícola convencional enfocado en la exportación. A partir de entonces, la producción nacional de alimentos y la soberanía alimentaria se convirtieron en una prioridad de seguridad nacional.
Esta crisis abrió un espacio político que permitió importantes cambios en el sector agroalimentario, orientados a alcanzar la soberanía alimentaria. Entre estos cambios se incluyen las reformas agrarias, la descentralización de la planificación agroalimentaria a nivel municipal, la creación de un programa nacional de agricultura urbana y el desarrollo del Movimiento Campesino a Campesino. Este movimiento, con una estructura descentralizada, facilitó el intercambio horizontal de conocimientos y prácticas entre los y las campesinas.
Gracias a las políticas de reforma agraria de esa época, la gestión de la tierra agrícola pasó de estar en un 80% bajo control estatal en los años 90, a ser más del 70% – alrededor de 3,5 millones de hectáreas – gestionada por cooperativas y fincas familiares en la actualidad.
La agroecología cubana se ha desarrollado de manera fragmentada, más que como una transformación consciente de los sistemas alimentarios
El programa nacional de “Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar” garantizó el acceso a alimentos locales, frescos y nutritivos en las ciudades. El Movimiento Campesino a Campesino, impulsado por la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), es un programa que destaca por involucrar a más de 200.000 familias campesinas en un proceso continuo de formación y aprendizaje.
Muchas de estas políticas e iniciativas han surgido de abajo hacia arriba, impulsadas por familias campesinas y el trabajo conjunto de diversas instituciones e investigadores/as. No obstante, es importante señalar que la agroecología cubana se ha desarrollado de manera fragmentada, más como ajustes o sustituciones puntuales, que como una transformación estructural del sistema alimentario.
A día de hoy, Cuba sigue siendo dependiente de las importaciones de alimentos, y el gobierno continúa invirtiendo principalmente en la agricultura convencional. Entre 2015 y 2018, las inversiones en la agricultura convencional superaron los 3 mil millones de dólares, y el 61% de los alimentos consumidos en Cuba fueron importados. A pesar de la voluntad política para fomentar la descentralización y las transiciones agroecológicas, es difícil llevar el discurso a la práctica después de décadas de un enfoque agrícola centralizado y convencional.

El rompecabezas de la toma de decisiones descentralizada
En los últimos años, el país ha realizado cambios importantes en su marco político y legal apoyando la práctica, gestión y gobernanza de la agroecología para lograr la soberanía alimentaria, aunque aún de forma fragmentada. Las reformas políticas, económicas y sociales, como las establecidas en las “Directrices de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución” (2011) y en la nueva Constitución (2019), priorizan el desarrollo local y dan más poder a los municipios.
Después de décadas de gobernanza centralizada, la transición hacia una mayor descentralización es lenta y necesita innovaciones para aumentar la participación ciudadana.
Aunque la transición es lenta, es esencial capacitar y sensibilizar a la ciudadanía, además de implementar transformaciones e innovaciones en la gobernanza y gestión. La participación ciudadana debe aumentar y las plataformas con múltiples actores e intersectoriales deben formar parte integral de la gobernanza local. Entre los planes y leyes relevantes se encuentran la Estrategia de Desarrollo Municipal, la Política de Desarrollo Local, el Plan de Cambio Climático (Tarea Vida), la política nacional sobre bioproductos, programas para la conservación de recursos naturales, incentivos para la conservación del suelo y una nueva ley sobre cooperativas, entre otros.
Un logro reciente en políticas es la Ley de Seguridad y Soberanía Alimentaria y Nutricional de 2022, que obliga al estado a garantizar alimentos saludables y adecuados para la población. Esta ley surgió de una iniciativa conjunta de la FAO y la Unión Europea que comenzó en 2017 y usó un enfoque participativo para crear políticas alimentarias multisectoriales e integrarlas en los planes y leyes del gobierno. El Plan Nacional de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria, que precedió a esta ley, fue desarrollado por 12 ministerios, 150 expertos técnicos y centros de investigación, 11 ONGs y 12 empresas estatales. Este plan incluye recomendaciones para la soberanía alimentaria centradas en cuatro áreas prioritarias: reducir la dependencia de importaciones de alimentos e insumos agrícolas; promover la calidad, seguridad y reducción de desechos alimentarios; consolidar los sistemas alimentarios locales; y fomentar la educación, cultura y comunicación sobre una alimentación saludable.
No obstante, este Plan y Ley no tendrán el impacto esperado sin una política de agroecología que los respalde. Una política de agroecología proporcionaría el apoyo necesario para hacer realidad las metas de la Ley de Soberanía Alimentaria.

Elaboración de una política pública para la agroecología
Para que la agroecología continúe expandiéndose a nivel territorial y nacional, es necesario establecer una política pública basada en principios agroecológicos generales. Esta política debe asegurar que todo el proceso, desde la producción en el campo hasta el consumo en la mesa, sea efectivo, sostenible, inclusivo y resiliente.
En 2023, un panel de expertos y profesionales realizó una evaluación integral de los avances y obstáculos de la agroecología en el país, abarcando las dimensiones tecnológica, ambiental, económica, científica, educativa, sociocultural y política.
Entre las principales barreras identificadas se encuentran la escasa comprensión de la agroecología tanto entre los tomadores de decisiones como entre el público en general, así como las deficiencias en la formación de profesionales, funcionarios y científicos en áreas relacionadas con la agricultura, quienes no cuentan con un enfoque agroecológico en su formación. Además, las condiciones y medios de vida en las áreas rurales han empeorado y no se reconoce adecuadamente la eficiencia de la agricultura familiar y los sistemas agrícolas campesinos ni su valor para la sostenibilidad y la seguridad alimentaria. También se observa una débil gobernanza debido a la falta de un enfoque sistémico para la gestión de los sistemas agroalimentarios y a los débiles vínculos entre agricultores y consumidores. Por último, el sistema nacional de certificación para la producción agroecológica no está operativo, y la infraestructura necesaria para equipos, servicios e insumos es insuficiente para facilitar las transiciones hacia la agroecología.
En respuesta a estos desafíos, el panel propuso la creación de un marco legal para desarrollar e implementar una política pública sobre agroecología en Cuba. Este marco se basaría en un conjunto de principios clave (ver recuadro a continuación).
La política pública sobre agroecología ofrece una respuesta institucional transversal a las crisis sociales, ecológicas, económicas y alimentarias en curso.
Se espera que un decreto-ley sea aprobado antes de finales de 2024. Esta política pública incluirá: incentivos financieros; promoción del consumo solidario para fortalecer el vínculo entre productores y consumidores; esquemas de certificación local basados en Sistemas de Garantía Participativa; incorporación de sistemas de economía circular y turismo agroecológico para generar empleo y fortalecer las economías locales, entre otros.
Con esta política sobre agroecología, se busca ofrecer un nuevo marco institucional que pueda abordar las crisis sociales, ecológicas, económicas y alimentarias actuales, exacerbadas por el bloqueo económico, y enfrentar los desafíos inminentes del cambio climático.
En resumen, Cuba está desarrollando una política pública innovadora en agroecología. La experiencia nacional acumulada durante aproximadamente 30 años en la transición agroecológica se integrará en un marco que puede acelerar la transformación de los procesos sociales y ecológicos, promoviendo la sostenibilidad y la soberanía alimentaria arraigadas en la identidad y cultura local.
Autores/as: Leidy Casimiro trabaja en la Universidad de Sancti Spíritus y en la Finca del Medio, Cuba. Margarita Fernández es la directora del Instituto de Agroecología del Caribe, EEUU/ Cuba. Giraldo Martín trabaja en la Estación Experimental de Pastos y Forrajes Indio Hatuey, Cuba. Contacto: leidy7580@gmail.com
Fuentes:
- Funes Aguilar and L.V. Vázquez Moreno, eds., 2016. Avances de la Agroecología en Cuba. Matanzas, Cuba: Estación Experimental de Pastos y Forrajes Indio Hatuey
- Fernández, M., Williams, J., Figueroa, G., Graddy-Lovelace, G., Machado, M., Vazquez, L., Perez, N., Casimiro, L., Romero, G., and Funes-Aguilar, F., 2018. Nuevas Oportunidades, Nuevos Retos: Potenciando los Avances de Cuba en la Agroecología y la Agricultura Sostenible en el Contexto de Cambios en las Relaciones con los Estados Unidos. Elementa: Science of the Anthropocene, 6.
Este artículo forma parte del número 1-2024: Políticas para la agroecología
