2024 | Jessica Milgroom y Josh Brem-Wilson | Issue 1 Políticas para la agroecología

Opinión: Cómo las políticas informales de cuidado conforman los sistemas alimentarios agroecológicos

El término «política» suele hacernos pensar en un documento escrito: una ley o regulaciones formales creadas por los llamados «responsables políticos» para guiar el comportamiento de las personas. Sin embargo, también existen políticas informales que influyen en nuestra vida diaria. Estas no están escritas ni son necesariamente explícitas; son normas, reglas implícitas, costumbres y prácticas. Estas políticas informales son fundamentales para el funcionamiento de nuestros sistemas alimentarios.

Las políticas informales se basan en un conjunto de valores. Funcionan y se mantienen gracias al compromiso individual y colectivo con esos valores, y se apoyan en un sistema social de responsabilidad compartida, en lugar de un sistema jerárquico de control y castigo. Las relaciones humanas juegan un papel clave en cómo estas políticas informales moldean el comportamiento diario de las personas.

Políticas informales en la agroecología

La agroecología busca construir sistemas alimentarios colectivos que protejan a las personas, la tierra y todas sus formas de vida. Se apoya en el conocimiento local, a menudo transmitido de generación en generación, y otorga el poder a quienes trabajan directamente con la tierra, ya sea cultivando, recolectando o cuidando los alimentos. 

El manejo agroecológicos de los recursos como la tierra, el agua, las semillas y el suelo, está guiado por normas implícitas, reglas no escritas y costumbres que se basan en la inclusión, el respeto y el cuidado del entorno. En este contexto, gran parte de lo que sucede en los sistemas alimentarios, desde el campo, el bosque o el océano hasta el plato, está influenciado por estas políticas informales.

En las culturas alimentarias agrarias o de cazadores-recolectores, las políticas informales solían (y en algunos casos suelen) estar basadas en valores como la solidaridad y la reciprocidad. En muchos lugares, estos valores nacieron de cosmovisiones indígenas, que explican la relación de las personas con el mundo espiritual y su responsabilidad sagrada de proteger el planeta y a los otros seres vivos. Esto creó redes sociales que garantizaban el acceso a alimentos y agua, no solo para las generaciones presentes, sino también para las futuras.

Por ejemplo, en muchas culturas, las prácticas de compartir el agua se basaban en asegurar que todos/as tuvieran, y seguirían teniendo, suficiente agua limpia. Este código de conducta se enseñaba a los niños y niñas como un valor fundamental («no uses más agua de la que necesitas») o a través de prácticas tradicionales que regulaban cuántas horas de riego recibía cada parcela en una cuenca específica.

A pesar de que en muchos países está prohibido intercambiar semillas, personas de todo el mundo continúan guardándolas y compartiéndolas. Foto: Jessica Milgroom.

Cómo cambian las políticas informales

Las políticas informales se desarrollan a través de la experimentación y la evolución con el tiempo. Son específicas de un lugar, cultura o grupo de personas.

Cuando se hacen pequeños cambios en un sistema, las políticas informales que regulan los comportamientos individuales y colectivos cambian poco a poco. Sin embargo, estas políticas también pueden cambiar rápidamente si hay cambios en el entorno, como la introducción de políticas formales estrictas o la escasez de recursos como tierra y agua.

Actualmente, debido a la naturaleza extractiva e individualista del capitalismo, muchas políticas informales que regulaban la gestión de la tierra y el agua en áreas rurales ya no se basan en la solidaridad y la reciprocidad. Los grupos sociales pueden no estar gestionando colectivamente ciertos lugares.

No obstante, un grupo con valores alimentarios comunes puede reunirse en torno a iniciativas de agroecología comunitaria, como movimientos sociales o mercados de agricultores/as. Estos espacios son importantes para la reproducción de políticas informales de agroecología, incluso si no están vinculados a un lugar específico.

Interacciones formales e informales

Aunque algunas políticas informales pueden convertirse eventualmente en políticas formales, muchas permanecen en el ámbito informal. La interacción entre políticas informales y formales, y las acciones diarias de las personas, también es crucial para entender lo que realmente sucede en la práctica.

A menudo, las políticas informales desafían la lógica capitalista de obtener beneficios económicos inmediatos.

Por ejemplo, en sistemas agroecológicos, los y las agricultoras suelen optar por métodos más costosos y laboriosos para fertilizar sus campos con el fin de cuidar el suelo, aunque las políticas formales puedan promover el uso de fertilizantes químicos.

Las políticas formales son importantes para abrir nuevas oportunidades para la agroecología y facilitar su expansión y escalamiento mediante incentivos estructurales o económicos, o a través del acceso al conocimiento. Sin embargo, al hablar sobre políticas para la agroecología, no debemos olvidar las numerosas políticas informales basadas en valores anticapitalistas que priorizan mantener y revivir las culturas agrarias y alimentarias, así como las relaciones duraderas con la tierra y entre las personas.

Incluso en un entorno con políticas formales adversas a la agroecología, promover y mantener políticas informales que cuiden de las otras personas y del medio ambiente en el sistema alimentario puede ser muy valioso, ya seas agricultor/a, consumidor/a o formulador de políticas.


Autores: Jessica Milgroom trabaja en el Instituto de Sociología y Estudios Campesinos en Córdoba, España y Josh Brem-Wilson trabaja en el Centro para Agroecología, Agua y Resiliencia en la Universidad de Coventry, Reino Unido. Ambos autores son parte del grupo Agroecology Now! Esta contribución surgió de conversaciones sobre un curso de maestría en ‘Políticas e Instituciones’ en CAWR y se basa en el trabajo de autores y pensadores académicos y no académicos. Contacto: jessica.milgroom@gmail.com.

Este artículo forma parte del número 1-2024: Políticas para la agroecología