En el norte de Italia, jóvenes activistas urbanos/as y agricultores/as mayores están experimentando con nuevos modelos de gobernanza para la producción de alimentos en una granja sin jerarquías. En los últimos años, Irina Aguiari ha estado involucrada tanto como activista como investigadora. “Este es un caso emblemático de cómo las intervenciones políticas del Estado pueden desestabilizar un proyecto de bienes comunes liderado por ciudadanos/as”.
¿Cómo se convirtió la Granja Sin Dueños en una realidad?
"Mondeggi es una propiedad de 200 hectáreas en las colinas de Florencia, con orígenes que se remontan al Renacimiento. Históricamente, la finca fue un punto central para los pueblos vecinos, donde las y los lugareños trabajaban en los olivares y viñedos.
En la década de 1960, el gobierno provincial tomó el control de la propiedad, sustituyendo el modelo tradicional de agricultura por uno industrializado. La finca fue abandonada en 2009, y algunos años después pasó a manos del Ayuntamiento de Florencia. En 2014, la ciudad decidió venderla mediante subasta pública, con la esperanza de atraer compradores extranjeros que la convirtieran en un resort turístico de lujo. Durante esos años de abandono, los campos se volvieron silvestres y los edificios comenzaron a deteriorarse.
Justo antes de que se anunciara la subasta, un grupo de estudiantes de la Facultad de Agronomía de Florencia descubrió Mondeggi. Habían estado buscando tierras públicas en desuso donde pudieran poner en práctica los conocimientos adquiridos en sus estudios. Junto con la comunidad local, idearon un plan para ocupar la finca, regenerar los viñedos, olivares y campos utilizando prácticas agroecológicas, y restaurar los edificios para utilizarlos como viviendas comunitarias. Fue un experimento muy peculiar: jóvenes activistas políticos urbanos sentados en asambleas con agricultores mayores de 60 y 70 años, algunos de cuyos abuelos habían trabajado en la cosecha de aceitunas o en la producción de vino en la finca".
Irina Aguiari es investigadora y candidata a doctora en la Scuola Normale Superiore de Florencia. Utiliza métodos participativos para estudiar la producción de alimentos basada en prácticas de bienes comunes en Italia. Se involucró con la comunidad de Mondeggi cuando se mudó a las colinas cercanas al inicio de su doctorado. En 2021, inició un proyecto de investigación participativa con la comunidad y ha estado participando en asambleas políticas, campamentos de verano para niños, activismo y trabajo agrícola desde entonces. Contacto: irina.aguiari@sns.it
Esta experiencia de bienes comunes – la Granja Sin Dueños – no fue reconocida oficialmente. A pesar de los esfuerzos de los estudiantes por dialogar con el municipio para legalizar su situación, no recibieron respuesta. En lugar de ello, optaron por conseguir apoyo popular en la zona. La primera actividad organizada por los/as estudiantes y agricultores/as fue una cosecha colectiva de aceitunas. Vendieron el aceite en mercados locales y repartieron folletos explicando su trabajo para revivir Mondeggi y evitar que se convirtiera en un resort turístico.
Hoy en día, la Granja Sin Dueños está profundamente arraigada en la comunidad local. Se organiza a través de dos asambleas principales: el comité original de Mondeggi, formado por activistas y agricultores/as, que toma la mayoría de las decisiones políticas, y la comunidad de personas, en su mayoría jóvenes, que se enfocan en los aspectos comunitarios de la vida en la finca.

¿Qué ocurrió cuando llegó la pandemia de COVID-19 y las regulaciones estatales alcanzaron a la comunidad?
“Durante la pandemia de COVID, la comunidad se encontraba en una posición muy segura: se tenían los unos a los otros y cultivaban sus propios alimentos por lo que no necesitaban hacer filas en el supermercado.”
"En Italia, las medidas para enfrentar el COVID-19 fueron muy disruptivas. Durante tres meses hubo un confinamiento estricto: morían 1,000 personas al día y nadie podía salir de sus casas. Estas medidas gubernamentales fueron muy contestadas. Sin embargo, la comunidad de Mondeggi se encontraba en una posición segura: se tenían los unos a los otros, cultivaban sus propios alimentos no necesitando hacer filas en el supermercado y los niños y niñas podían correr libremente por las colinas. Esto reafirmó que lo que estaban haciendo era una alternativa viable a la vida convencional. Curiosamente, la pandemia también generó discusiones intensas sobre cómo priorizar la salud y el cuidado colectivo de una manera diferente a las imposiciones del gobierno".
En 2021, cuando las cosas comenzaban a normalizarse, la comunidad recibió una propuesta del área metropolitana de Florencia, que aún no había logrado vender la finca. Su nueva idea era renovarla mediante un proceso participativo con la comunidad, utilizando 50 millones de euros de fondos europeos como parte del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia (NRRP) de Italia para apoyar los bienes comunes alimentarios”.
¿Cuál era la intención del municipio?
"El siguiente período fue muy curioso. Fue difícil para la comunidad entender las verdaderas intenciones de los actores políticos y el objetivo de sus propuestas políticas. Que el dinero proviniera de la Unión Europea generaba cierta incomodidad, ya que dentro de la comunidad hay muchas críticas hacia esta institución, aunque la consideran mejor que el gobierno italiano actual. No quedaba claro si el Estado estaba utilizando estos fondos para controlar la Granja Sin Dueños y obtener publicidad, o si realmente deseaban apoyar los sistemas alimentarios locales.
Algunos miembros de la comunidad veían la propuesta como una oportunidad para influir en el proceso, mientras que otros sentían desconfianza total, especialmente debido a la enorme suma de dinero en juego. Tras largas discusiones, decidieron participar, conscientes de que sus vidas en Mondeggi podían estar en peligro si se retiraban. Sin embargo, algunos, desilusionados con el proceso vertical y jerárquico, decidieron marcharse.
El gobierno envió un comité técnico para evaluar la finca, compuesto por ingenieros, arquitectos y economistas. Esto reflejó la visión de las autoridades, centrada más en las infraestructuras que en las comunidades humanas y naturales. A lo largo del proceso, la comunidad vio cómo las descripciones que resaltaban el carácter social y sin fines de lucro del proyecto eran sistemáticamente modificadas o eliminadas por el comité técnico. Así que, ciertamente, el proceso no ha estado exento de desafíos".
"Este es un ejemplo importante de práctica política liderada por la comunidad."
Actualmente, la comunidad de Mondeggi y el gobierno metropolitano de Florencia están trabajando en lo que el alcalde llama “el renacimiento de Mondeggi". Es la primera vez en Italia que un partido político apoya una iniciativa como la Granja Sin Dueños. Después de mucha incertidumbre, los/as habitantes de Mondeggi son cautelosamente optimistas sobre el futuro de su proyecto de bienes comunes.
En ausencia de una política oficial que proteja estos espacios, ¿cómo pueden sobrevivir y multiplicarse iniciativas como esta?
"A lo largo de los años, la comunidad ha centrado sus esfuerzos en construir una estabilidad diferente, basada en redes informales. Muchos grupos de base ven a Mondeggi como un modelo importante de política comunitaria. Han creado una sólida red de apoyo sin necesidad de conferencias o estructuras jerárquicas. En caso de un desalojo, podrían contar con una respuesta masiva de la red campesina que han cultivado. Esto es algo que las organizaciones formales y las autoridades no pueden replicar, porque se basa en una forma de pensar completamente distinta.

El tamaño también es importante para la viabilidad a largo plazo. Si una comunidad crece demasiado, puede dejar de funcionar. Creo que mantenerse pequeño es una fortaleza, no una limitación. Cultivar esta dimensión íntima es crucial, y no significa estar aislado del mundo exterior".
La Granja Sin Dueños espera demostrar que establecer algún tipo de autonomía – ya sea alimentaria, de recursos naturales u otros bienes comunes – puede ser una respuesta a muchos de los desafíos actuales, incluso en el Norte Global. Hemos aprendido que cuando las personas se unen y usan su imaginación, pueden crear espacios de autonomía.
Entrevista por Ann Doherty, agricultora y educadora en los Países Bajos, y editora de la revista Rooted. Contacto: rooted@cultivatecollective.org
Este artículo forma parte del número 1-2024: Políticas para la agroecología
