2024 | Inea Lehner and Johanna Jacobi | Issue 1 Políticas para la agroecología

Lecciones de la Asamblea Ciudadana Suiza sobre Política Alimentaria

Cada vez más personas se sienten distanciadas de su comida, y ni hablar del complejo sistema que determina lo que llega a nuestros platos. La política gubernamental, en general, no aborda los problemas de nuestro sistema alimentario actual, y mucho menos promueve la aparición de soluciones agroecológicas. Entonces, ¿qué sucede cuando las personas asumen la responsabilidad de crear la política alimentaria? El caso de la Asamblea Ciudadana Suiza es un modelo inspirador para fomentar la participación de “ciudadanos/as alimentarios” activos/as. Sin embargo, también muestra los límites de una transformación sistémica cuando no se plantea un rechazo colectivo al sistema alimentario capitalista.

En 2022, un consorcio de organizaciones de la sociedad civil en Suiza lanzó la Asamblea Ciudadana Suiza para la Política Alimentaria (SCAFP, por sus siglas en inglés) con el objetivo de promover un debate a nivel nacional sobre el sistema alimentario del país. El gobierno federal suizo, que había identificado la transformación de los sistemas alimentarios como una prioridad dentro de sus compromisos de desarrollo sostenible, brindó apoyo tanto público como financiero a este proceso. Hemos analizado dicho proceso y sus resultados desde la perspectiva de la agroecología.

Una inmersión profunda en el sistema alimentario

Para convocar una asamblea ciudadana, se selecciona al azar a personas que representen demográficamente a la población de una región (como una ciudad o país), considerando factores como la edad y el género. Luego, los y las participantes se reúnen para aprender, debatir y co-crear recomendaciones políticas sobre un tema específico. Las asambleas ciudadanas que se están organizando en todo el mundo ofrecen una vía prometedora para abordar problemas complejos y democratizar los sistemas políticos. Estas asambleas han sido convocadas para tratar una variedad de temas políticos, sociales y ecológicos, como la formulación de políticas sobre el cambio climático en Francia y Alemania.

Durante seis meses, entre junio y noviembre de 2022, unos 80 residentes suizos/as, seleccionados/as aleatoriamente de todo el país, trabajaron en conjunto para responder a la pregunta principal de la SCAFP: ¿Qué tipo de política alimentaria necesita Suiza para garantizar que toda la ciudadnía pueda acceder a alimentos saludables, sostenibles, respetuosos con los animales y producidos de manera ética para el año 2030?

Las personas participantes se organizaron en grupos temáticos y visitaron diversas iniciativas

Los y las participantes se dividieron en cinco grupos temáticos: medio ambiente, producción agrícola, asuntos económicos, asuntos sociales y salud. Primero recibieron información por parte de expertos y, posteriormente, participaron en debates facilitados sobre los temas asignados.

Además, visitaron diversas iniciativas agroalimentarias innovadoras en Suiza, muchas de ellas basadas en principios y prácticas agroecológicas. Entre las excursiones se incluyeron un jardín urbano y una cooperativa de supermercado comunitario en Ginebra, una granja de policultivo en Appenzell, una finca agroforestal en Friburgo, una operación de Agricultura Comunitaria en las montañas de los Alpes de Grisones y un restaurante en Berna que utiliza exclusivamente ingredientes suizos.

Reunión inaugural de la SCAFP en junio de 2022. Foto: Caroline Krajcir

En noviembre de 2022, la asamblea co-formuló y aprobó democráticamente 126 recomendaciones de política alimentaria para Suiza (ver recuadro). Los/as participantes pudieron co-crear estas soluciones y expresar sus opiniones en los debates políticos. Algunos/as afirmaron haber aprendido mucho sobre la complejidad del sistema alimentario y su capacidad de incidir en él: “En los últimos seis meses, por primera vez sentí que tengo un lugar en esta sociedad, que puedo desempeñar un papel positivo y que mis opiniones y experiencias también cuentan”, reflexionó una de las personas participantes. Este proceso demostró que las asambleas ciudadanas son una vía prometedora para involucrar a las personas en los problemas del sistema alimentario.

Políticas alimentarias recomendadas por la Asamblea Ciudadana

Las 126 recomendaciones abarcan una amplia variedad de temas. Además de proponer la educación y sensibilización de la población sobre el sistema alimentario, las y los ciudadanos sugieren que tanto el país de origen de un producto como el país donde fue procesado sean fácilmente identificables. También debería ser clara la información sobre el valor nutricional de los alimentos y si se utilizaron fertilizantes o piensos animales en su producción. Para el año 2035, se propone reducir el contenido de azúcar en los alimentos en un 20 % y que las bebidas azucaradas contengan la mitad de azúcar que en la actualidad. La publicidad de productos particularmente dañinos para la salud debería estar prohibida. Además, se debería aplicar un impuesto a los productos procesados que sean perjudiciales para la salud o que tengan un alto impacto ambiental. También se sugiere promover la venta de alimentos sin empaques y fomentar el uso de envases reutilizables. Por otro lado, se propone que los alimentos básicos saludables estén disponibles a precios accesibles mediante subsidios del Estado. Las aseguradoras de salud, por su parte, deberían desarrollar un modelo que recompense los estilos de vida saludables. Para 2030, la asamblea plantea reducir en un 30 % el uso de tierras destinadas a la producción de alimentos para animales y ampliar la superficie dedicada al cultivo de plantas. Los productores también deberían recibir asesoría y apoyo financiero para transformar sus granjas hacia modelos más ecológicos.
Fuente: Burgerraet

Cambios graduales en lugar de transformaciones radicales

Los resultados de la asamblea revelaron que la mayoría de los participantes desea un sistema alimentario más sostenible, justo y saludable, y que reconocen las fallas del modelo actual. Varios/as participantes criticaron la política agrícola enfocada en la maximización de ganancias, describiéndola como “una máquina de hacer dinero”. Uno de ellos comentó: “De repente te das cuenta de que [la manera habitual de hacer las cosas] no tiene nada que ver con la naturaleza. Para mí, eso no es agricultura. Es agroindustria”.

Muchas de las recomendaciones se enfocaron más en cambiar los hábitos de consumo que en proponer un cambio profundo en el sistema.

Nos preguntamos por qué surgieron estos resultados más superficiales. La reflexión de un participante puede ofrecer una pista: la mayoría de nosotros “no estamos preparados para pensar en estas cosas”. Entonces, ¿un marco político alternativo, basado por ejemplo en los principios de la agroecología, habría llevado a propuestas más radicales? Esto nos invita a reflexionar sobre cómo las asambleas ciudadanas pueden contribuir a una transformación real y profunda del sistema alimentario.

Excursión al restaurante Werkhof en Berna, donde se practica el concepto “de la granja a la mesa”. Foto: Christine Strub

Faltan propuestas para una transformación sistémica

Aunque muchas de las recomendaciones de la asamblea se alinean con los principios de la agroecología, no alcanzan el nivel necesario para una reestructuración radical del sistema alimentario. Por ejemplo, las recomendaciones buscan aumentar la confianza del consumidor a través de una mayor transparencia, lo cual está en línea con el principio agroecológico de conexión, que busca fortalecer la confianza en el sistema alimentario.

Sin embargo, mientras las recomendaciones de la SCAFP se centran en mejorar la información sobre los productos y en introducir programas de certificación voluntarios, la agroecología promueve contrarrestar la alienación que prevalece en el sistema alimentario actual, fomentando relaciones más cercanas entre productores y consumidores.

Los 13 principios de la agroecología, desarrollados por el Panel de Expertos de Alto Nivel de la ONU sobre Seguridad Alimentaria y Nutrición. Imagen modificada de la Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit, 2020.

Además, las recomendaciones de la SCAFP destacan la importancia de la educación y la concienciación sobre el sistema alimentario, algo esencial para impulsar la transición agroecológica. No obstante, la mayoría de los enfoques propuestos para compartir conocimientos son verticales y unidireccionales, en lugar de ser horizontales y colaborativos. Aunque estas medidas pueden contribuir a una mayor conciencia y confianza del consumidor, es evidente que estas y otras propuestas se quedan cortas a la hora de generar un cambio sistémico radical.

Participación, educación y práctica

Estudios recientes confirman que las asambleas ciudadanas en torno a la política alimentaria pueden fortalecer la democracia alimentaria y fomentar la aparición de “ciudadanos/as alimentarios” activos, es decir, personas con capacidad de decisión y acción política. Esto se debe a que estas asambleas requieren una participación real; brindan a los/as participantes la oportunidad de poner en práctica la democracia alimentaria. La formación brindada por expertos, junto con los debates entre los participantes, enriquece el entendimiento sobre el sistema alimentario.

Este tipo de educación es especialmente importante en las zonas urbanas, donde la mayoría de las personas están lejos de la producción agrícola. Esta desconexión se acentúa a medida que la industrialización y la corporativización del sistema alimentario debilitan la viabilidad económica y ecológica de las redes alimentarias locales y a pequeña escala.

En Suiza, por ejemplo, el porcentaje de personas que trabajan en el sector agrícola ha disminuido 13 veces desde 1900, pasando del 31 % al 2,3 % en 2022. Concienciar a la población sobre estas tendencias del sistema alimentario puede contribuir a criticar el statu quo impulsado por el lucro y sus desastrosas consecuencias socioecológicas, lo que podría llevar a una mayor convicción de que su transformación es urgente y necesaria. Esta reflexión no fue lo suficientemente discutida en la SCAFP.

Limitados por el capitalismo

Creemos que varios factores limitaron el potencial de la Asamblea Ciudadana Suiza para la Política Alimentaria (SCAFP) para ser verdaderamente transformadora. El más importante fue la prevalencia de una visión capitalista del mundo, que considera al capitalismo como el único sistema político-económico viable. Esta perspectiva restringió la capacidad de las personas participantes para imaginar cambios más amplios. Por ejemplo, aunque mostraron preferencia por iniciativas alimentarias alternativas que destacaban la sostenibilidad y la justicia—como los proyectos innovadores que visitaron durante las excursiones—, seguían dudando de su viabilidad en general. Se planteaban preguntas como: ¿Son estos proyectos exitosos solo por su contexto específico? ¿Son escalables? ¿Podrían convertirse en algo masivo? ¿Realmente podrían ser rentables a largo plazo?

Este realismo capitalista también se reflejó en las opiniones contradictorias de los participantes sobre el papel de las grandes corporaciones en el sistema alimentario. Aunque criticaron el inmenso poder que ejercen estas empresas y reconocieron su responsabilidad en la exacerbación de muchos problemas del sistema alimentario, no se imaginaron un sistema alimentario sin ellas.

Así, identificaron a los/as consumidores/as como los principales agentes de cambio y al consumo como el acto central para transformar el sistema alimentario, enfocando sus recomendaciones en fomentar cambios individuales en el comportamiento. Esta perspectiva refleja la visión capitalista que concibe a las personas como consumidoras racionales, centradas únicamente en su interés personal, lo cual dificulta la acción colectiva organizada.

Votación final sobre las recomendaciones en noviembre de 2022. Foto: SCAFP

Dinámicas despolitizadas

Los desafíos del sistema alimentario fueron desvinculados de sus causas y contextos político-económicos.

Otro obstáculo relacionado que limitó el potencial transformador de la asamblea fue el enfoque apolítico en muchos temas. Los problemas del sistema alimentario se separaron de sus causas político-económicas, de las dinámicas de poder que los moldean y de los intereses divergentes, e incluso antagónicos, de diferentes actores. La SCAFP a menudo buscaba una solución óptima y racional que implicara compromisos de todas las partes, en lugar de reconocer que la transformación del sistema alimentario requiere abordar causas profundas (como la maximización del lucro) y defender algunos intereses (como los de los pequeños productores) sobre otros (como los accionistas de Syngenta).

Estas dinámicas se hicieron evidentes en las recomendaciones sobre el desperdicio de alimentos. Este problema está impulsado en gran medida por la maximización del lucro, y su existencia beneficia a algunos actores mientras perjudica a otros. Por ejemplo, los fabricantes pueden vender más productos alimentarios si establecen fechas de caducidad conservadoras. Aunque se abordó la reforma de este mecanismo en las recomendaciones de la SCAFP, no se discutió cómo enfrentar las causas del desperdicio de alimentos, como la desmercantilización de los mismos. En retrospectiva, un resultado más radical habría requerido una discusión política sobre quiénes ganan y quiénes pierden en el sistema alimentario industrializado.

La agroecología como núcleo

En general, los resultados de la SCAFP son alentadores y brindan mucho material para reflexionar. Las asambleas ciudadanas pueden ser un terreno fértil para la exploración colaborativa del sistema alimentario y para que surjan ciudadanos/as comprometidos/as con su transformación. Sin embargo, para generar propuestas de políticas radicales que impulsen transformaciones agroecológicas, es necesario superar el realismo capitalista y repolitizar las conversaciones sobre el sistema alimentario.

Las asambleas ciudadanas pueden ser un espacio propicio para que emerjan ciudadanas y ciudadanos comprometidos con la transformación del sistema alimentario.

En este sentido, los hallazgos de la experiencia suiza pueden informar futuras asambleas ciudadanas sobre política alimentaria. En primer lugar, desde el inicio, los organizadores deben integrar los principios de la agroecología en el diseño e implementación de estas asambleas. Esto fomentará una comprensión holística y un enfoque hacia la transformación del sistema alimentario sin evitar la naturaleza fundamentalmente política de este ejercicio.

Además, los organizadores podrían inspirarse en el trabajo del pedagogo brasileño Paulo Freire y en el campo de la pedagogía crítica para crear un entorno de aprendizaje y reflexión participativo, basado en el diálogo, que promueva el pensamiento crítico sobre la naturaleza destructiva y opresiva del sistema alimentario dominante. Con este enfoque, las personas participantes estarían empoderadas para desarrollar de manera colaborativa soluciones informadas e inclusivas que se alineen radicalmente con los principios de sostenibilidad social y agroecológica, justicia y salud.


Autores: Inea Lehner es organizadora política y agroecóloga que realizó su investigación de maestría en ETH Zürich, el Instituto Federal Suizo de Tecnología, sobre el potencial de las asambleas ciudadanas en la transformación radical del sistema alimentario. Actualmente trabaja en Climate Vanguard. Johanna Jacobi dirige el grupo de investigación sobre Transiciones Agroecológicas en ETH Zürich. Como parte del equipo de apoyo científico de la SCAFP, observaron el proceso, entrevistaron a las y los participantes y analizaron el potencial transformador de las recomendaciones a través de la lente de los principios agroecológicos. Contacto: inealehner@gmail.com.

Este artículo forma parte del número 1-2024: Políticas para la agroecología