Como dice el refrán, se necesita una aldea para criar a un niño. Y en el caso de la política alimentaria, se requiere un movimiento dinámico, profundamente comprometido e interseccional de base para generar políticas transformadoras. Los gobiernos rara vez logran crear tales políticas por sí solos.
Esto es especialmente cierto en el ámbito de las políticas de agroecología, una propuesta popular que surge de décadas de luchas por la soberanía alimentaria, la justicia alimentaria y el poder sobre el sistema alimentario, impulsadas por movimientos sociales, agricultores familiares y proveedores de pequeña escala en todo el mundo. La gente tiene el poder de impulsar el cambio. Y los movimientos populares que actúan de manera conjunta pueden hacer política efectiva.
Cultivando un terreno común para la agroecología en Canadá
Durante un proyecto de investigación de dos años, mantuve conversaciones sobre la transición agroecológica con expertos en políticas alimentarias y ambientales en Canadá. Hice preguntas como: ¿Cómo se introduce una idea realmente grande (y contrahegemónica) como la agroecología en un sistema que es completamente inadecuado para ese propósito (y que, de hecho, se opone a ello)? ¿Cómo puede la agroecología arraigarse en Canadá (y más ampliamente, en la ‘Fortaleza de América del Norte’), que está totalmente dominada por el poder y las narrativas de la industria alimentaria, y que se resiste a la democratización y transformación de nuestro sistema alimentario?
Los movimientos de soberanía alimentaria del Sur han desempeñado un papel fundamental en la configuración de las agendas políticas de los movimientos alimentarios canadienses y estadounidenses.
No es sorprendente que mi investigación haya llegado a la conclusión de que la transición debe fundamentarse en alianzas profundas y amplias, una causa común sólida y la co-creación de las herramientas necesarias para desmantelar, rediseñar y reconstruir el sistema alimentario, pieza por pieza. Sin estas actividades esenciales, la agroecología seguirá siendo una propuesta lejana y fragmentada en Canadá, lo que conducirá a una serie de transiciones sin impacto real, en lugar de a una transformación sistémica que implique cambios en el poder.
Esta investigación me llevó a reflexionar sobre el papel crucial de los movimientos sociales en el proceso de cambio de políticas. En países como Brasil, Senegal, India, México y Cuba, los movimientos populares y las organizaciones de productores han tenido una influencia significativa en la elaboración de políticas alimentarias a nivel nacional y subnacional.
Una Política Alimentaria del Pueblo
En 2008, el Proyecto de Política Alimentaria del Pueblo (PFPP), una iniciativa canadiense de política alimentaria de la sociedad civil liderada por Food Secure Canada, adoptó los Seis Pilares de la Soberanía Alimentaria que surgieron del Foro Nyeleni de 2007 como nuestra plataforma nacional de defensa. De esta manera, los movimientos de soberanía alimentaria del Sur desempeñaron un papel fundamental en la configuración de las agendas políticas de los movimientos sociales y de justicia alimentaria en Canadá y Estados Unidos, introduciendo conceptos importantes como la agroecología y la soberanía alimentaria en nuestro trabajo. Atendiendo al llamado de nuestros aliados indígenas en Canadá, también añadimos un séptimo pilar: La comida es sagrada.
Se necesitó casi tres años y 3,500 personas para crear la Política Alimentaria del Pueblo para Canadá. Esta respuesta de base a las crisis en nuestros sistemas alimentarios – millones de personas hambrientas, millones con sobrepeso, y la disminución del número de productores y pescadores – ofrece un menú de políticas viables que pueden guiarnos en la dirección correcta.

El PFPP reunió movimientos de alimentación, clima, lucha contra la pobreza, comunidades indígenas, salud y otros para construir una Política Alimentaria del Pueblo para Canadá. Esta plataforma integral sirvió como un terreno común para el compromiso de la sociedad civil y la defensa de una política alimentaria nacional durante la siguiente década. Nuestros esfuerzos dieron fruto en 2015, cuando el recién elegido Primer Ministro Justin Trudeau lanzó una Política Alimentaria Nacional en Canadá y posteriormente creó un Consejo Asesor de Política Alimentaria Nacional.
Nuestra experiencia demostró que la coordinación nacional y la construcción de alianzas Norte-Sur son esenciales para abogar por políticas de agroecología en todo el continente. Recientemente, han surgido nuevas y esperanzadoras formas de solidaridad que se presentan como un terreno fértil para la colaboración: movimientos poderosos de la sociedad civil por la justicia climática y de biodiversidad, la reconciliación indígena y el movimiento de devolución de tierras, la justicia racial, la transición hacia sistemas alimentarios post-pandemia, la justicia para jóvenes y de género, la solidaridad intergeneracional (especialmente con las y los jóvenes agricultores/as) y la justicia para los/as trabajadores/as migrantes.
Palancas políticas prometedoras para la agroecología
Mis conversaciones con expertos en políticas canadienses revelaron que el sistema alimentario de América del Norte está diseñado para maximizar la producción y las ganancias, beneficiando a unos pocos, mientras ignora los enormes costos externos para el medio ambiente, la salud y la sociedad. Sin embargo, incluso los sistemas más arraigados tienen puntos de palanca que pueden presionarse para generar cambios. En nuestras discusiones, estos expertos identificaron caminos estratégicos, conjuntos de políticas, medidas legislativas y regulatorias, así como incentivos y desincentivos que pueden impulsar políticas en la dirección correcta.
También identificamos palancas políticas prometedoras para impulsar la agroecología en sectores específicos (particularmente en cambio climático, medio ambiente, salud y protección social), así como a niveles provinciales, municipales y bioregionales. Sin embargo, los expertos eran conscientes de que la suma de estas medidas podría no resultar en un cambio transformador, sino más bien en una “transición” incremental que nos mantendría atrapados en la rutina habitual. Mientras que las transiciones implican cambios en la práctica, la transformación requiere cambios en el poder, como se menciona en nuestro informe.
"Las transiciones implican cambios en la práctica, mientras que la transformación implica cambios en el poder."
Mi investigación mostró cuán importante es para los movimientos nacionales desarrollar sus propias políticas de ciudadanía o del pueblo. Un movimiento alimentario de base amplia puede, entonces, exigir legítimamente una estrategia de agroecología claramente articulada que esté integrada en una política alimentaria nacional coherente, incorporando la agroecología de manera integral en todos los sectores y plataformas políticas.
Las lecciones aprendidas en Canadá son universales. En todo el mundo, hemos visto el poder de los movimientos de la sociedad civil y de productores campesinos actuando en solidaridad y ganando soberanía sobre tierras, territorios, aguas y semillas. Más allá de defender sus derechos, un fuerte movimiento alimentario de pueblos aliados también puede ser propositivo, que es lo que se necesitará para avanzar hacia políticas de agroecología en América del Norte.
Como se señala en Growing Common Ground: “Las transiciones implican cambios en la práctica, mientras que la transformación implica cambios en el poder… Solo cuando la agroecología sea vista como un vehículo esencial para el cambio por muchos movimientos actuando juntos, podrá emerger una plataforma más inclusiva y de base amplia para la agroecología.”
Autor: Faris Ahmed es consultor y autor de Growing Common Ground, con sede en Ottawa. Es Investigador Asociado en el Centro Laurier para Sistemas Alimentarios Sostenibles (Canadá) y miembro del Colectivo Cultivate. Contacto: faris@cultivatecollective.org
Fuentes:
- Growing Common Ground: Pathways to Advance Agroecology Policy in Canada. Laurier Centre for Sustainable Food Systems, Waterloo, Canada (2022). This research was carried out by the author between 2020 and 2022 with support from the Laurier Centre for Sustainable Food Systems (Wilfrid Laurier University), Carleton University, Lakehead University, Inter Pares and the National Farmers Union, Canada.
- People’s Food Policy Project, Canada
Este artículo forma parte del número 1-2024: Políticas para la agroecología
