En la Región Metropolitana de São Paulo, Brasil, las mujeres están cultivando plantas medicinales en huertos comunitarios, creando espacios que promueven la salud, la conexión social y el cuidado ambiental.
La Red de Mujeres Agricultoras Urbanas Agroecológicas de las Periferias de São Paulo (RAPPA), liderada por mujeres, desempeña un papel clave en mejorar el acceso a soluciones de salud alternativas al expandir el cultivo de plantas medicinales en comunidades indígenas, mediante capacitaciones e intercambios de saberes.
La Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), que opera bajo el Ministerio de Salud de Brasil, destinó un fondo de 40,000 reales a RAPPA para esta labor. Con este financiamiento, RAPPA pudo organizar una formación sobre plantas medicinales, una iniciativa que deseaban llevar a cabo desde la creación de la organización en 2018. Una de las formaciones contó con la participación de docentes universitarios y técnicos, mientras que otra se centró en el aprendizaje entre pares. Esta última, realizada en marzo de 2025, adoptó un enfoque más tradicional del conocimiento e incluyó intercambios con pueblos indígenas. Las mujeres participantes adquirieron un conjunto de saberes y habilidades para el autocuidado (a través de infusiones, ungüentos y tinturas, por ejemplo), que luego compartieron con sus familias y comunidades. Con otra parte de los fondos, nueve integrantes de RAPPA lograron fortalecer sus huertos.
Un repertorio de cuidado
Las mujeres adquirieron un repertorio de conocimiento y habilidades para el autocuidado (a través de infusiones de hierbas, ungüentos y tinturas, por ejemplo) que también pusieron a disposición de sus familias y comunidades. «Volví renovada de este curso. Espiritualmente, fue increíble. Regresamos a nuestros huertos más motivadas, y por eso decidimos usar los fondos para construir un vivero y producir nuestras propias plántulas», dijo Dani Camboim de RAPPA.
Dona Ale, también de RAPPA, lo expresó en términos similares al señalar que: “El curso fue muy bueno: aprendimos mucho sobre cómo plantar las hierbas, usarlas e incluso comerlas. Hablamos con el colectivo y decidimos que necesitamos un baño en el huerto. Los fondos se usarán para eso.»
Muchas personas en las periferias de São Paulo no tienen acceso a espacios para el autocuidado, por lo que estos huertos se han vuelto muy importantes. Las mujeres suelen llegar a ellos sintiéndose nerviosas, tristes o ansiosas, pero allí encuentran un lugar seguro y tranquilo donde pueden conversar, tomar una taza de té y conectarse con la tierra.
Estos espacios son fundamentales para muchas mujeres que cargan con una gran carga mental. Esto se debe, por un lado, a la división sexual del trabajo, y por otro, a la doble jornada como productoras (muchas también trabajan cocinando, limpiando o enseñando) y cuidadoras de sus familias (incluyendo nietos, nietas y otros familiares). Por eso, el autocuidado se convierte en una forma de reconectarse consigo mismas.
Reflexionaban:
“Tiene sentido cuidar la tierra, pero también somos la tierra.“
“He ganado más visibilidad y he empezado a alzar la voz en mi comunidad.“
“Vengo a RAPPA para tomar aire. Es un espacio que da voz a las mujeres.“
“Hemos aprendido a cuidarnos unas a otras, y eso nos hace más fuertes.“
Las mujeres fortalecieron sus prácticas agroecológicas mediante un enfoque integral de salud y sostenibilidad, basado en la diversidad cultural y territorial de Brasil. Este enfoque parte de la idea de que las prácticas de cuidado de las mujeres se extienden más allá del núcleo familiar, creando espacios donde la salud y la sanación se entienden como procesos colectivos y ecológicos. Los cursos y los fondos les permitieron pensar en inversiones a futuro.

Sostener la vida
Las mujeres han sostenido la vida durante generaciones, no solo a través del trabajo reproductivo, sino también mediante el cuidado de sus comunidades y del entorno. Su trabajo con plantas medicinales y huertos comunitarios demuestra que la agroecología puede ser una herramienta tanto de sanación como de empoderamiento, fortaleciendo el tejido social y abriendo caminos hacia una mayor autonomía y bienestar. Al cultivar plantas medicinales en los huertos, no solo recuperan el control sobre su salud, sino que también fortalecen la resiliencia de comunidades que enfrentan desigualdades estructurales en salud, alimentación y vivienda.
Los próximos pasos se enfocan en ampliar las oportunidades de formación, fortalecer las redes y promover la agroecología urbana como un modelo de salud y seguridad alimentaria. La acción colectiva de las productoras urbanas demuestra que la sostenibilidad de la vida puede surgir de soluciones locales, apoyo mutuo e integración de saberes tradicionales y agroecológicos.
Autoras: Clara Ribeiro Camargo es responsable de la articulación de redes en RAPPA; tiene un doctorado por la Universidad de São Paulo. Laura Martins de Carvalho es investigadora postdoctoral en el Centro de Estudios sobre Urbanización para el Conocimiento y la Innovación (CEUCI) de la Universidad Estatal de Campinas (UNICAMP). Márcia Tait Lima es profesora asociada en la Universidad de Valladolid, en España. Karina dos Santos Rodrigues es científica social en la Universidad Federal del ABC (una región industrial del Gran São Paulo) y agricultora urbana. Aline Queiroz de Souza es responsable del Protocolo de Transición Agroecológica en la Secretaría de Áreas Verdes y Medio Ambiente de São Paulo. Contacto: clara.r.camargo@gmail.com
Este trabajo forma parte del proyecto «Fortalecimiento de redes de agricultura urbana y periurbana y promoción de la salud en las ciudades», una iniciativa colaborativa liderada por la Agenda de Salud y Agroecología de Fiocruz, la Articulación Nacional de Agroecología (ANA) y el Ministerio de Desarrollo Agrario (MDA) de Brasil.
Este artículo forma parte del número 2-2025: Cultivando la salud y la sanación
