El pueblo Bagobo Tagabawa, una comunidad indígena de Mindanao, Filipinas, tiene una larga tradición en el uso de plantas con fines curativos. En la actualidad, sus saberes y prácticas están en riesgo debido a múltiples factores, entre ellos la creciente influencia de dietas y medicinas occidentales. En los últimos años, las personas ancianas y liderazgos tribales han trabajado junto con miembros de la comunidad para reintroducir la idea de la “comida como medicina”, cultivando plantas nativas en huertos familiares.
El pueblo Bagobo Tagabawa, uno de los muchos grupos indígenas de las islas de Mindanao, habita en las laderas y estribaciones del Monte Apo, la montaña más alta de Filipinas. Durante generaciones, han realizado ceremonias y rituales sagrados en este monte, donde buscan orientación espiritual y sanación. Además, son protectores comprometidos de los bosques locales, que albergan una rica biodiversidad, incluyendo al águila filipina, una especie en peligro de extinción. Su alimentación está basada principalmente en vegetales, y tradicionalmente han recolectado y cultivado plantas nativas tanto para nutrirse como para sanar. Personas de la comunidad con más de ochenta o noventa años atribuyen su buena salud y vitalidad a su conexión con la tierra y a sus prácticas culturales ancestrales.
Glenboy Utay, organizador comunitario Bagobo Tagabawa, señala que sus tradiciones alimentarias no solo son nutritivas, sino también una forma de depurar y sanar el cuerpo. “Estas prácticas representan la identidad de nuestro pueblo“, explica. “La gente busca nuestra cocina tradicional, especialmente el taro, el pollo nativo y nuestro Law-uy (sopa de vegetales). Sentimos que estos alimentos nos sanan“.
Huertos de conocimiento
En las últimas décadas, la adopción de dietas occidentales ha debilitado las prácticas tradicionales del pueblo Bagobo Tagabawa. Matanam Romi, uno de los Ancianos de la comunidad y practicante cultural, expresa su preocupación por la pérdida del conocimiento ancestral sobre las plantas, tanto para la alimentación como para la medicina: “La gente ya no cree en la medicina herbolaria. Cuando se sienten mal —incluso con un malestar leve— acuden de inmediato al médico o al hospital”. Romi mantiene una firme convicción en el poder sanador de las plantas.
Los huertos proporcionaron una plataforma para un intercambio enriquecedor de conocimientos entre los Ancianos, madres, mujeres jóvenes, organizadores juveniles y otros miembros de la comunidad.
Conscientes de la necesidad de recuperar sus prácticas tradicionales, en 2014 el pueblo Bagobo Tagabawa lanzó una iniciativa para fortalecer la salud, la seguridad alimentaria y nutricional mediante el cultivo de plantas nativas en huertos familiares. Esta acción se llevó a cabo en colaboración con Creative Nurturing Communities (CNC), un proyecto piloto del grupo de apoyo agrícola FARMCOOP. Aunque muchas familias ya contaban con huertos, algunas dependían de químicos sintéticos y pesticidas, y no siempre obtenían buenos resultados.
Bajo la guía de los conocimientos del grupo de Ancianos sobre salud comunitaria y un equipo de horticultores/as orgánicos/as, un grupo nuclear de mujeres y jóvenes Bagobo Tagabawa trabajaron con familias y liderazgos vecinales para establecer huertos en el municipio de Sibulan. Cultivaron plantas nativas y adaptadas localmente, valoradas por sus cualidades nutritivas y medicinales, y aprendieron técnicas de producción orgánica eficaces, con el objetivo de mejorar el rendimiento.
Integrantes de la comunidad intercambiaron semillas, plántulas y saberes de cultivo, y establecieron huertos traseros con variedades como calabaza, frijoles, tomates, okra, pechay (col china), pipino (pepino) y rábanos, así como cultivos tradicionales menos conocidos como paitan (fruta amarga nativa), ludang (taro violeta), sarot (chayote), upo (calabaza de botella), patola (esponja vegetal), sayote (chayote), ampalaya (melón amargo), y hojas verdes como saluyot (hojas de yute) y alugbati (espinaca de Malabar).
Los huertos se convirtieron en espacios de intercambio intergeneracional e inspirador entre el grupo de Ancianos Tagabawa, madres, jóvenes, liderazgos comunitarios y otras personas de la comunidad. “Aprendimos sobre hierbas medicinales nativas de nuestra comunidad. Las personas mayores y las madres compartieron sus saberes y prácticas. Nos contaron qué plantas usaban para determinadas enfermedades y qué alimentos era mejor consumir o evitar durante la sanación“, relata Mimi, joven organizadora comunitaria.
Abundancia, menos desnutrición y mayor resiliencia
Los huertos familiares creados en los dos años siguientes proporcionaron alimentos a más de 899 personas de la comunidad Bagobo Tagabawa y a 521 infancias tanto en la escuela como en sus hogares. Los excedentes fueron adquiridos por mercados locales y organizaciones, incluidas iglesias y personal de agencias gubernamentales, lo que generó una fuente adicional de ingresos para los hogares, especialmente para las mujeres.
Durante el festival de la cosecha de CNC y la evaluación de la colaboración en 2016, organizadores y miembros de la comunidad Bagobo Tagabawa exhibieron sus cultivos indígenas, y líderes del consejo tribal compartieron sus prácticas agrícolas tradicionales. Las familias dieron testimonios no solo sobre tener más alimentos disponibles, sino también sobre poder compartir con sus vecinas y vecinos en situación de necesidad. El intercambio de semillas entre familias aumentó a medida que se expandieron las prácticas de preservación de semillas, y las horticultoras y horticultores orgánicos de CNC sumaron variedades como el melón amargo y la calabaza. Asimismo, el personal de salud comunitaria y los líderes vecinales confirmaron una disminución en los niveles de desnutrición entre la población adulta y las infancias.
Pronto se volvió evidente que las plantas nativas adaptadas al clima local también son fundamentales para fortalecer la resiliencia comunitaria, especialmente en tiempos de crisis. Durante una de las graves sequías que azotó el país en 2017, estas variedades fueron las únicas que sobrevivieron y alimentaron a las familias locales. También fueron clave durante la pandemia de COVID-19, cuando los precios de los alimentos se dispararon y el movimiento hacia y desde Sibulan se restringió severamente para proteger a la comunidad tribal. En ese período, más miembros de la tribu recurrieron a las hierbas medicinales como una forma de evitar acudir a los hospitales.

Además, productores/as de Bagobo Tagabawa, en colaboración con fincas socias de FARMCOOP en Davao del Norte, están desarrollando estrategias para diversificar las zonas dedicadas al monocultivo de banano, donde el acceso a semillas y plantas es limitado. La generosidad demostrada por los y las productoras de Bagobo Tagabawa al compartir información, semillas y plantas ha sido fundamental para recuperar la agrobiodiversidad, una crisis poco visibilizada en el sistema alimentario y agrícola de Filipinas.
Para el pueblo Bagobo Tagabawa, los huertos no solo han servido como un canal para expresar su visión colectiva sobre el poder sanador de las plantas, sino también como un reconocimiento de los múltiples beneficios de conservar sus alimentos culturales y sus prácticas agrícolas. Matanam Romi expresa: “Hace mucho tiempo me preguntaba qué sería de la cultura de nuestra tribu. ¿Cómo puedo enseñar a nuestros hijos e hijas para que sigan el buen camino? Decidí enseñarles sobre las plantas, sobre las hierbas. Todo lo que Ginoo [Dios] puso en la Tierra puede ayudar a las personas.“
Retos en las zonas altas
La agricultura comunitaria en huertos familiares ha sido una estrategia exitosa para la soberanía alimentaria en las zonas bajas y más pobladas de Sibulan. Sin embargo, las áreas montañosas remotas, donde muchas familias Bagobo Tagabawa dependen de la agricultura para su sustento, siguen estando aisladas. En estos lugares, la producción de alimentos y la seguridad nutricional se ven gravemente afectadas por la degradación del suelo, los bajos rendimientos, la falta de infraestructura agrícola e insumos orgánicos, el acceso limitado a los mercados y un sesgo antiagrícola presente en la educación, la sociedad y las instituciones. Además, las nuevas regulaciones gubernamentales han reducido los ingresos provenientes del cultivo de fibra de abacá, un producto comercial clave, lo que ha obligado a muchos productrores/as de Sibulan a trabajar en fincas convencionales con un alto uso de pesticidas. Estos cambios económicos han generado situaciones en las que uno de los progenitores debe emigrar a la ciudad o al extranjero, separando a las familias indefinidamente.
Adoptar un enfoque agroecológico de la salud requiere tiempo, compromiso intergeneracional y la regeneración del bayanihan: la unidad de la comunidad.
En estas áreas, donde los hogares dependen cada vez más de la compra de alimentos debido a las dificultades para producirlos localmente, el 30% de los y las estudiantes Bagobo Tagabawa en las cuatro comunidades con las que trabajamos faltaban regularmente a la escuela debido al hambre. Ante estos crecientes desafíos, los miembros tribales de las zonas altas propusieron replicar los huertos familiares que tan buenos resultados habían dado en las zonas bajas. Sin embargo, en lugar de replicar el rápido y amplio éxito de las zonas bajas, el esfuerzo en las zonas altas ha enfrentado una gran variedad de obstáculos, como limitaciones logísticas, de personal y de presupuesto, además de una participación reducida de los hogares agrícolas, que se ven atrapados en limitaciones de recursos y tiempo.
Para hacer frente a estos desafíos, casi 400 productores y productoras, Ancianos, mujeres y jóvenes Bagobo Tagabawa se unieron en 2024 para crear Sibulan CARES. Los objetivos de esta nueva organización incluyen diversificar los cultivos y los ingresos agrícolas, mejorar la biodiversidad y la salud del suelo, y establecer más huertos familiares, especialmente en áreas remotas.
Hoy en día, Sibulan CARES y FARMCOOP están trabajando con familias y jóvenes en las zonas altas para revitalizar el programa de huertos familiares orgánicos. Con el fin de aliviar las dificultades económicas, estos huertos cumplirán un doble propósito: proporcionar alimentos a las familias y servir como una posible fuente de ingresos. Para fomentar el interés y permitir ajustes a lo largo del proceso, la implementación de los huertos se llevará a cabo por etapas. “Esto ayudará a que las infancias tengan acceso a verduras frescas para el almuerzo y la cena”, explica Glenboy Utay, organizador de Sibulan CARES.
Nuestra experiencia con los huertos nos ha enseñado que adoptar un enfoque agroecológico de la salud requiere tiempo, compromiso intergeneracional y la regeneración del bayanihan, el espíritu de unidad y colaboración comunitaria. Mimi Tatad, organizadora comunitaria, comenta: “Antes, la familia transmitía el conocimiento sobre cocina, alimentos y hierbas para sanar a sus hijos e hijas. Los Ancianos enseñaban de forma intencional y los niños participaban activamente. Pero hoy en día, los Ancianos solo comparten cuando se les pregunta. Ya nadie facilita ese aprendizaje y la gente quiere todo rápido y fácil“.
Con el paso del tiempo, muchos padres y madres de familia en las zonas bajas de Sibulan han comenzado a notar los efectos negativos de las dietas occidentales —como el aumento de la diabetes y la hipertensión, que asocian con el consumo de alimentos ultraprocesados— y han empezado a animar a sus hijos/as a aprender sobre hierbas tradicionales, alimentación ancestral y prácticas tradicionales. En conjunto con el trabajo de los huertos CNC, esto ha llevado a que los y las jóvenes de hoy sean más conscientes del valor de los métodos tradicionales de sanación y estén más dispuestos a aprender.
Espiritualidad y salud
Para el pueblo Bagobo Tagabawa, la salud no es solo física o individual: está interconectada con el bienestar de la comunidad, su relación con el entorno, su trabajo con la tierra, sus medios de vida, las relaciones sociales, la espiritualidad y la cultura. “Estar saludable“, para los Bagobo Tagabawa, es cuando todos estos elementos están en armonía. Sibulan CARES surgió como una respuesta colectiva para fortalecer, a través de la práctica, el conocimiento de la tribu sobre esta interdependencia. Los huertos familiares, la recuperación de la biodiversidad y la creación de medios de vida sostenibles que protejan la salud comunitaria son formas de restablecer estas armonías interconectadas.
Además, mediante el mantenimiento y la reintroducción de prácticas tradicionales, los cultivos y hierbas nativas adaptadas localmente tienen el potencial a largo plazo de abordar la seguridad alimentaria y nutricional, proporcionar opciones viables para la resiliencia climática y mejorar los resultados en términos de salud para Sibulan y otras comunidades en Mindanao.
En palabras de la organizadora comunitaria Mimi Tatad: “Si la cultura es rica, si la comunidad puede sostener lo que necesita, entonces la comunidad está saludable y la persona se siente saludable en la comunidad.“
Autoras: Kahlil Sucgang Apuzen-Ito es una practicante indígena de agroecología y científica del suelo Kanakana-ey. Es la responsable de la Unidad de Investigación y Desarrollo en Agroecología de la Fundación para las Cooperativas de Reforma Agraria en Mindanao (FARMCOOP). Glenboy Utay, Mimi Tatad y Emilyn Janolino son organizadores comunitarios de Sibulan CARES, que trabaja con miembros tribales Bagobo Tagabawa para diversificar cultivos e ingresos agrícolas, mejorar la biodiversidad y la salud del suelo, y establecer más huertos familiares, especialmente en áreas remotas. Contacto: ksaikzen@gmail.com
Este artículo forma parte del número 2-2025: Cultivando la salud y la sanación

