abril 14, 2025 | varios autores | Issue 2 Cultivando salud

Relatos cortos: Las semillas y los alimentos tradicionales mejoran la salud

Las semillas y alimentos que están profundamente arraigados en tradiciones y prácticas ancestrales pueden ser una valiosa contribución a la salud física, mental y espiritual de las personas. En el noreste del Reino Unido, las productoras están conservando e intercambiando semillas tradicionales, lo que les otorga un sentido de abundancia. En el jardín de la Universidad de Montana (EE.UU.), los encargados fomentan la biodiversidad, la justicia social y el cultivo de alimentos nutritivos, siguiendo las tradiciones agrícolas y los protocolos culturales de los pueblos indígenas Mandan, Hidatsa y Arikara. Asimismo, un popular programa de cocina en televisión, transmitido en las islas del Pacífico de Fiji, Samoa, Tonga y Vanuatu, promueve el consumo de alimentos tradicionales y locales que benefician tanto a la salud de las personas como a la biodiversidad. Como ellos mismos afirman: «Nos ha resultado tremendamente reconfortante darnos cuenta de que tu cultura es tu cura.»



Relato corto 1

El poder de la semilla para apoyar a las personas

Tomar notas. Foto: Catherine Howell

En marzo de 2024, bajo el nombre Growing to Seed, 14 personas del noreste de Inglaterra se comprometieron a participar en un programa de aprendizaje de seis meses sobre la producción agroecológica de semillas. Este programa abordó la historia y la política de las semillas, las técnicas para una producción de calidad y prácticas de cultivo de bajo impacto. Los resultados proporcionaron una primera evidencia del vínculo directo entre la producción de semillas y el bienestar.

Esta región del Reino Unido suele asociarse con problemas de salud física y mental, relacionados con bajos ingresos, niveles educativos limitados y un paisaje postindustrial deteriorado. Para nosotros, fue significativo que las razones expresadas por cada participante al inscribirse en la capacitación incluyeran el sentimiento de aislamiento, la ansiedad climática o la frustración e impotencia ante el daño ambiental.

Los guardianes de semillas siguieron el programa junto con una comunidad de aprendizaje más extensa en el Reino Unido e Irlanda, quienes recibían su formación en línea. El equipo de coordinación había detectado indicios de que las personas participantes no solo estaban adquiriendo habilidades y conocimientos, sino que también se sentían más felices y conectadas. En esta ocasión, a través de la capacitación presencial, los instructores buscaron comprobar estas observaciones mediante la documentación de indicadores simples relacionados con la percepción del bienestar a lo largo del programa.

Al finalizar la capacitación, las participantes expresaron sentirse mejor gracias a su trabajo con las semillas. “Estas reuniones me ayudaron a no sentirme tan solo en el camino de cultivar verduras y flores de manera sostenible”, comentó uno de ellas. “Pude desahogarme sobre el estrés y los problemas sin ser juzgado”, añadió otra.

La idea de abundancia que aprendieron, y la capacidad resultante de compartir semillas libremente, fueron factores clave en este cambio, que para ellas fue diferente de la experiencia de cultivar alimentos. “Cuando coseché mis semillas, sentí una verdadera sensación de logro al darme cuenta de que había conseguido cultivar semillas útiles para mí, pero sobre todo, para poder compartirlas con otros”, relató otro estudiante. También sintieron orgullo por haber producido su propia cosecha de semillas, algo que muchos creían que no tenían la habilidad de hacer.

Otro resultado importante mencionado por las personas participantes fueron las nuevas amistades que formaron. Algunos ahora se reúnen para compartir comidas, noches de cine y visitas a jardines locales. Tras el curso, ocho personas comenzaron a hacer voluntariado en proyectos de cultivo comunitarios y una se inscribió en un programa de reinserción laboral después de haber estado desempleada durante muchos años.

Estos resultados reflejan el poder de la semilla para conectar y apoyar a las personas en los momentos más difíciles de sus vidas.

Autora: Catherine Howell es la Coordinadora de la Región del Norte de Inglaterra del Seed Sovereignty Programme UK & Ireland, una iniciativa de  The Gaia Foundation apoyada por el proyecto Experts in your Field’de la Landworkers’ Alliance. Contacto: catherine@gaianet.org



Relato corto
2

Aprendiendo de las tradiciones agrícolas indígenas en un huerto universitario

May-Lyric Smith y Sidney Fellows, cuidadores del jardín, en la cosecha 2024 de Four Sisters. Foto: Sidney U. Fellows

Durante tres ciclos, como estudiantes y docentes, hemos estado cultivando un huerto agroecológico indígena – el Huerto de las Cuatro Hermanas – en el huerto PEAS de la Universidad de Montana, en Estados Unidos, en colaboración con el Nueta Hidatsa Sahnish College (NHSC), la universidad tribal de la Nación Mandan, Hidatsa y Arikara (MHA) en la Reserva Indígena de Fort Berthold. Uno de los propósitos de este huerto es valorar y visibilizar las prácticas agrícolas tradicionales, los alimentos y las semillas de la Nación MHA, cuyo territorio ancestral se extiende a lo largo del río Misuri hasta lo que hoy es Montana.

El huerto abarca un espacio de 250 pies cuadrados (aproximadamente 23 metros cuadrados), donde se cultivan maíz, frijoles, calabazas y girasoles en montículos, siguiendo las técnicas descritas por Waheenee, la mujer hidatsa protagonista del famoso libro Buffalo Bird Woman’s Garden. Al final de cada ciclo, los alimentos y semillas cultivados en el huerto se obsequiaban a socios comunitarios tribales, incluyendo el All Nations Health Centery el People’s Food Sovereignty Program. Las semillas también se devuelven a los socios tribales en el NHSC.

En el huerto, seguimos las tradiciones agrícolas y el protocolo cultural de los pueblos indígenas MHA. Este protocolo nos pide practicar la cosmovisión y las culturas asociadas al huerto ancestral de las Tribus, ingresando a él con nuestra integralidad física, intelectual y espiritual. En la práctica, esto implica reconocer que las plantas y otros seres ligados a la tierra tienen espíritu y sensibilidad. Así, al entrar en el huerto, somos conscientes de nuestro lenguaje y comportamiento; mientras trabajamos, nos conducimos con respeto, amabilidad y una mentalidad positiva. Las lecciones que cada uno de nosotros aprende en este espacio reflejan este nivel profundo de compromiso. Este protocolo cultural es una parte esencial de esta forma indígena de cultivar alimentos, que aplica – aunque antecede– los principios agroecológicos.

Sidney Fellows, cuidador del huerto y estudiante, comparte esta importante reflexión:
«Como ciudadano tribal shoshone-bannock, la integración del protocolo cultural en el cultivo del huerto me permite (y nos permite) reafirmar las relaciones indígenas con la tierra, aunque yo no sea MHA. Esta afirmación de la relación indígena con la tierra promueve la biodiversidad, la justicia social y el cultivo de alimentos buenos y ricos en nutrientes, todos factores que contribuyen a la salud.” Otra cuidadora del huerto, May-Lyric Smith, reflexiona: «Plantamos semillas de esperanza mientras abordábamos conversaciones complejas sobre los paisajes afectados por el colonialismo y nuestros sistemas alimentarios. Al compartir nuestras relaciones familiares con la agricultura, aprendí a dejar atrás prácticas coloniales mientras construía comunidad.»

Para Caroline Stephens, cuidadora y docente, “La pregunta que me impulsa en este trabajo intercultural es: ‘¿cómo podemos vivir bien juntos?’” Para May-Lyric Smith, la pregunta es: “¿Cómo puedo ser buena pariente?” Nuestra lección más importante es que ser buenos familiares requiere escuchar a la tierra: al suelo, a las hermanas, a las ‘malas hierbas’, al clima y a las personas que se entrelazan para crear este espacio agroecológico indígena.

Autores y autoras: Ruth De La Cruz (Hidatsa, Nueta, Nakota, Dakota) – Universidad de  Montana and Nueta Hidatsa Sahnish College. Sidney Fellows (Shoshone-Bannock, Chippewa-Cree), May-Lyric Smith (Apsaálooke, Aapatohsipiikani, Sicangu Lakota) and Caroline Stephens son todas ellas cuidadoras del Huerto de las Cuatro Hermanas en la Universidad de Montana y contribuyeron por igual a este artículo. Contacto: Ruth De La Cruz – rhall@nhsc.edu.



Relato corto
3

Un reality show de cocina fortalece los sistemas alimentarios de las Islas del Pacífico

El equipo de Pacific Island Food Revolution y algunos de los ingredientes locales frescos que utilizan en su cocina. Foto: Faanati Mamea Photography

A lo largo de una generación, ha habido un cambio fundamental en la forma en que las personas en las Islas del Pacífico se alimentan. Las dietas tradicionales, basadas en mariscos locales y de temporada, frutas, coco, taro y plantas silvestres nutritivas, han sido reemplazadas por alimentos ultraprocesados, altos en grasas, sal, azúcar y concentración calórica.

Paralelamente, la rica agrobiodiversidad de las Islas del Pacífico se ha visto amenazada por la simplificación de los ecosistemas y especies, así como por la siembra de unas pocas variedades. El monocultivo y el uso de razas de ganado y aves de corral genéticamente uniformes han contribuido a la pérdida de muchas variedades y razas locales tradicionales. La reducción de la cobertura forestal, los humedales costeros y otras áreas silvestres sin cultivar también ha provocado la desaparición de muchas especies culinarias nutritivas y el conocimiento y las culturas alimentarias asociadas.

El impacto en la salud y la nutrición ha sido desastroso, con tasas alarmantemente altas de enfermedades no transmisibles relacionadas con la dieta, como la diabetes, enfermedades cardíacas, obesidad y accidentes cerebrovasculares.

Esta revolución alimentaria es televisada

Desde 2019, un reality show de cocina llamado Pacific Island Food Revolution ha logrado atraer a las audiencias y llamar la atención sobre estos desafíos de una manera innovadora, creativa y sin culpa. Concursantes de las islas de Fiyi, Samoa, Tonga y Vanuatu compiten entre sí para preparar recetas basadas en ingredientes frescos y locales. Algunos de los desafíos de los primeros episodios han incluido el uso de vegetales cotidianos en Fiyi, la preparación de una sopa con cultivos resistentes a desastres y la creación de una comida rica en nutrientes para mujeres embarazadas y madres lactantes. Actualmente, el programa se emite en 12 países insulares y cuenta con más de 5 millones de espectadores semanales. Algunas celebridades aparecen regularmente en el show, incluida Su Alteza Real, la Princesa Salote Mafile’O Pilolevu Tuita.

El programa llena un vacío importante para muchos habitantes del Pacífico. En su primer año, un promedio del 42 % de los espectadores manifestó un cambio positivo en sus dietas, consumiendo más alimentos locales y menos productos procesados y comida rápida. Un participante del programa, la estrella internacional de rugby Randall Kamea, dijo que se “curó” de la depresión al reconectar con sus raíces tonganas y fiyianas a través de la comida. También hay evidencia de que la percepción de la cocina local está cambiando de ser considerada “comida de pueblo” a algo apetecible y moderno.

Más allá de la salud humana, el programa también ha llamado la atención sobre las amenazas a la rica agrobiodiversidad de las Islas del Pacífico y ha enfatizado los vínculos entre la alimentación y el cambio climático. En los últimos años, el programa ha concretado varias alianzas, incluyendo colaboraciones con la Universidad del Pacífico Sur y The Periodic Table of Food Initiative, fortaleciendo así los lazos con la protección de la biodiversidad y la resiliencia climática.

El mensaje central de Pacific Island Food Revolution es que la clave para una buena salud está en el propio Pacífico. Los sistemas alimentarios locales tienen el poder de fortalecer y crear comunidades y culturas. En las Islas del Pacífico, las ceremonias y celebraciones giran en torno a la comida; a través de ella, se construyen relaciones, se comparten recuerdos y se celebra la identidad. La historia de la comida es la historia de su gente, y todo se basa en el amor. Nos resulta tremendamente alentador darnos cuenta de que la cultura es la cura.

Autores: Robert Oliver es chef, presentador de televisión, autor galardonado y fundador y anfitrión de Pacific Island Food Revolution. Vincent Lal dirige el Centre for Sustainable Futures en la Universidad del Pacífico Sur en Fiyi y apoya proyectos en la Periodic Table of the Food Initiative en el Pacífico Sur. Gina Kennedy es científica principal en la Alianza de Bioversity International y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT). Contacto: robert@pacificislandfoodrevolution.com


Este artículo forma parte del número 2-2025: Cultivando la salud y la sanación