abril 14, 2025 | Nicole Kennard | Issue 2 Cultivando salud

Social Pickle: Construyendo nuevas comunidades micro y macro en el Reino Unido

El colectivo Social Pickle se enfoca en crear comunidad desde la base, cuidando diversas comunidades microbianas que habitan en el suelo, el agua, las plantas y los intestinos. Lo que comenzó con la fermentación de vinagre a partir de excedentes de manzanas ha evolucionado a lo largo de los años en una iniciativa comunitaria que promueve la conexión a través de actividades como celebraciones de fermentación, recolección y conservación de plantas silvestres, y compostaje con productores y productoras locales. 

La comunidad y la colectividad son pilares fundamentales de la agroecología. Los agroecosistemas saludables y prósperos requieren redes regenerativas de vida humana, animal y vegetal que se sostengan mutuamente. Tanto la historia como la investigación demuestran la importancia de la comunidad para la salud individual y colectiva. La soledad, por ejemplo, es uno de los principales indicadores de problemas de salud física y mental; incluso el simple acto de compartir una comida puede mejorar significativamente el bienestar y la felicidad. A una escala mayor, las redes de apoyo son cruciales para la recuperación en tiempos de crisis, como quedó demostrado durante la pandemia de COVID-19, cuando quienes no contaban con estos espacios o con grupos de ayuda mutua enfrentaron mayores dificultades para acceder a alimentos y otros bienes esenciales.

Sin embargo, el impacto de la comunidad en la salud no se limita a las personas. Nuestra salud está intrínsecamente conectada con la de los animales, las plantas y el medioambiente en su totalidad, un concepto conocido como One Health (Una Sola Salud). Muchas culturas indígenas también destacan la responsabilidad colectiva de cuidar tanto a los seres humanos como a la tierra, principios que la agroecología adopta y promueve.

Nuestra contribución a estos enfoques existentes es la idea de que las «macro» comunidades saludables solo pueden florecer si en su base existen comunidades «micro» igualmente saludables. El hilo conductor que sostiene la salud en todos los ecosistemas es la diversidad de comunidades microbianas presentes en el suelo, el agua, los cultivos e incluso dentro de nuestros propios cuerpos. Estas bacterias, hongos, levaduras y mohos son los motores de los ciclos de la vida: regulan los ciclos del carbono y el nitrógeno en el planeta, descomponen la materia orgánica para nutrir nuevas formas de vida vegetal e incluso nos ayudan a procesar y absorber los nutrientes de los alimentos.

Para construir sistemas alimentarios agroecológicos que favorezcan la salud a gran escala, es esencial cuidar estas micro comunidades. Nuestro rol como humanidad es el de guardians – incluso si no trabajamos la tierra, todas las personas participamos en el cuidado de comunidades microbianas a nuestro alrededor, ya sea en un frasco de alimentos fermentados o dentro de nuestros propios cuerpos. Al comprender mejor su importancia, podemos adoptar prácticas más intencionadas para protegerlas y, en consecuencia, fortalecer tanto la salud colectiva como la del planeta en nuestra vida cotidiana.

Comiendo juntos en el Foodhall Cafe. Foto: Mark Harvey

Fermentación comunitaria

Adquirimos estos aprendizajes colectivos a través de Social Pickle, un proyecto de fermentación gestionado por personas voluntarias que nació en Foodhall, un centro comunitario de alimentación, durante la pandemia de 2020. Social Pickle tiene su base en Sheffield, una pequeña ciudad industrial en el centro-norte de Inglaterra. Aunque Sheffield ha crecido rápidamente en los últimos años, los beneficios de este desarrollo no siempre se han distribuido de manera equitativa. La ciudad presenta una clara división este-oeste: los barrios del suroeste se encuentran entre el 20 % de las zonas con menor nivel de vulnerabilidad en el Reino Unido, mientras que los del noreste están dentro del 20 % con mayores niveles de vulnerabilidad.

En respuesta a estas desigualdades desde una perspectiva de sistemas alimentarios, en la última década han surgido y colaborado granjas urbanas, huertos comunitarios, negocios locales de alimentación y proyectos de comida comunitaria para garantizar el acceso equitativo a alimentos saludables y nutritivos.

Foodhall desempeñó un papel clave en este esfuerzo, ofreciendo un espacio de alimentación social para reducir esta brecha y reunir a la comunidad en torno a comidas nutritivas elaboradas con excedentes de alimentos. Durante la pandemia de COVID-19, Foodhall adaptó su enfoque para operar uno de los programas de distribución de alimentos de emergencia más grandes de Sheffield. Como parte del voluntariado de Foodhall, recibimos una gran cantidad de donaciones de alimentos, pero nuestra capacidad para procesarlos y distribuirlos era limitada debido al distanciamiento social. Un grupo de nosotros/as vio en la fermentación una oportunidad para conservar este excedente de alimentos y, al mismo tiempo, enriquecerlos con más nutrientes, contribuyendo así a la salud de las comunidades más vulnerabilizadas.

¿Qué es la fermentación?

La fermentación es una técnica ancestral de conservación de alimentos en la que microorganismos —bacterias, levaduras o mohos— descomponen los azúcares complejos en compuestos más simples, produciendo a su vez ácido o alcohol, lo que permite preservar los alimentos. Este proceso no solo facilita la digestión, sino que también genera vitaminas y minerales con efectos positivos en la salud y fomenta el crecimiento de microorganismos beneficiosos que, al ser consumidos, fortalecen la microbiota intestinal. Nuestra microbiota intestinal —es decir, los microorganismos que habitan en nuestro sistema digestivo— es uno de los principales factores que influyen en la salud integral. Estos microbios ayudan en la digestión, facilitan la absorción de nutrientes esenciales, refuerzan el sistema inmunológico y tienen también un impacto en el bienestar mental.

Izquierda: Vinagre de manzana. Derecha: Haciendo vinagre de manzana. Foto: Hannah Fincham

Vinagre de manzana de Sheffield

El objetivo principal de Social Pickle es reunir a las personas para compartir la alegría y el conocimiento de la recolección de alimentos silvestres, la conservación, el encurtido y la fermentación de alimentos de manera abierta, accesible y divertida. Nuestro viaje comenzó con la creación de vinagre de manzana a partir del excedente de manzanas recolectadas en los alrededores de Sheffield, que distribuimos en tiendas locales y de puerta a puerta para ayudar a financiar nuestro colectivo. El vinagre, en sí mismo, ofrece muchos beneficios para la salud, pero también se utiliza para extraer compuestos nutritivos y medicinales de las plantas (por ejemplo, fire cider) y conservar productos como encurtidos.

La importancia de nuestro vinagre fue más allá de la botella; nos reconectó entre nootros y con nuestro entorno natural. El vinagre crudo tiene una «madre» – una formación gelatinosa de bacterias, levaduras y celulosa – que se puede añadir a nuevos vinagres para iniciar el proceso de fermentación. Así, nuestro primer vinagre se convirtió en la madre literal y figurativa de muchos futuros fermentos, encurtidos, medicinas – y amistades – a través de Sheffield. Con solo algunas manzanas locales y un poco de azúcar, fuimos capaces de construir nuevas micro y macro comunidades durante un tiempo de aislamiento.

Conservación de alimentos recolectados y excedentes

Más adelante experimentamos con otras formas de conservación de alimentos, transformando los excedentes de alimentos en la cocina de Foodhall en mermelada, salsa fermentada de plátano, chucrut de col de Bruselas y kimchi. Aunque la pandemia de COVID-19 impidió realizar talleres presenciales, encontramos formas creativas de construir comunidad y compartir conocimientos, como nuestra fiesta de lanzamiento virtual, en la que enseñamos a hacer vinagre, realizamos una cata colectiva y co-creamos un poema.

Aprendiendo a hacer fermentos Foto: Mark Harvey

Cuando las restricciones de COVID se relajaron en 2021, lanzamos los «Glut Clubs» quincenales. Estas sesiones abiertas de fermentación permitieron a las personas experimentar con diferentes métodos de conservación de alimentos para capturar el exceso de los productos de temporada a través de alimentos excedentes y recolectados.

También organizamos talleres abiertos de fermentación en mercados y eventos en Sheffield y en pueblos cercanos, y realizamos un «Pickle Fest» anual: una competencia y celebración comunitaria de fermentación. El arte jugó un papel clave en todos nuestros eventos, ayudando a las personas a conectarse con las micro comunidades que apoyan nuestra salud. Por ejemplo, las personas asistentes podían ilustrar el viaje de sus bacterias en un cómic o escribirles una carta de amor para expresar intencionalidad y gratitud.

Nuestros eventos tenían como objetivo hacer la fermentación más accesible, mientras promovíamos la inspiración y la comunidad. Como compartió una voluntaria de Pickle Fest: “¡Me encanta ver a tantas personas reunirse [para compartir] sus propias creaciones caseras de alimentos encurtidos, fermentados y conservados! A veces, conservar puede sonar un poco raro o incluso pretencioso, pero ver a las personas reunirse en Pickle Fest rápidamente demuestra que es una forma simple, divertida y sostenible de compartir comida”. Aunque no somos productoras/es, tdos los miembros de Social Pickle somos guardianes agroecológicos: en lugar de una finca, nuestro entorno es un tarro. A medida que nuestro proyecto creció a lo largo de los años y más personas se unieron al colectivo, las responsabilidades de cuidar nuestros fermentos y micro comunidades se compartieron de manera colectiva. Al compartir este proceso de cuidado colectivo, y la alegría y el conocimiento que vino con él, estábamos construyendo una nueva comunidad propia.

Conectando con el entorno de Sheffield

La conservación de alimentos fue la vía a través de la cual conectamos nuestras recién formadas micro y macro comunidades con nuestro entorno local. Buscamos capturar las estaciones de Sheffield en porciones del tamaño de un frasco: comenzando en la primavera de 2021, nos asociamos con una herbolera local en talleres guiados donde maceramos nuestros vinagres con las plantas medicinales que abundan en los parques de nuestra ciudad, como la achicoria, el saúco, el diente de león y el plátano de campo.

Cosechando para un taller de Tónico de Primavera. Foto: Nicole Kennard

En 2024, esto se expandió a un programa durante todo el año de talleres abiertos y preparaciones estacionales denominado «Ácidas Estaciones». La primavera nos trajo el crecimiento de hierbas frescas y nos abrió a nuevas oportunidades; capturamos el calor del final del verano en tónicos de bayas, calentando nuestros huesos y abriendo nuestros corazones; en otoño, preparamos nuevos vinagres de manzana, ofreciendo frutas frescas a las «madres» de vinagre de estaciones pasadas; y finalmente, cuando los meses de invierno trajeron oscuridad, aprovechamos el poder de la tierra a través de las ráices para despertar calor y consuelo en nuestro interior. Este proceso nos mostró la interconexión y simbiosis que tenemos con el entorno que nos rodea; a medida que nuestras necesidades físicas y emocionales cambian con las estaciones, la tierra responde y nos ofrece nuevas hierbas, frutas y flores para nutrirnos. A su vez, respondemos a este cuidado siendo guardianes de nuestro entorno y de las comunidades microbianas que lo sustentan.

También trabajamos con agricultoras y agricultores que apoyan la vida microbiana en nuestros suelos locales. Usando métodos agroecológicos como la reducción del impacto sobre el terreno y la incorporación de compost y estiércol, protegieron y alimentaron la vida microbiana. Estos microbios del suelo son vitales para la producción de alimentos; descomponen la materia orgánica en nutrientes y ayudan a las plantas a comunicarse y responder a los factores estresantes. Además, mejoran la estructura del suelo al agregar partículas, lo que previene la pérdida del suelo y contribuye a la captura de carbono, lo que tiene un impacto positivo en la salud planetaria. Además, estudios muestran que los cultivos producidos en suelos con mayor actividad microbiana pueden tener mayores cantidades de micronutrientes y fitonutrientes, lo que contribuye a la prevención de enfermedades crónicas cuando los consumimos. Al fermentar los excedentes de productos provenientes de estos suelos microbianamente activos, capturamos y potenciamos este valor nutritivo para nuestras comunidades.

También devolvimos a estas comunidades: al compostar nuestros desechos de cocina y aplicar esta materia orgánica nutritiva a los huertos locales, apoyamos el crecimiento de los microbios del suelo. Además, devolvimos frascos de alimentos conservados localmente a las agricultoras y agricultores con los que trabajamos, así como a la comunidad de Sheffield a través de un modelo de «paga lo que puedas».

Este modelo ayudó a generar conversaciones sobre el valor de los alimentos locales, las formas en las que podemos hacer más para cuidar a las demás personas en nuestra comunidad, y las formas alternativas de economía que reconocen el valor en algo más que solo la moneda. Colectivamente, formamos el concepto de , basado en la teoría del mercado sumergido, para representar las muchas actividades, lugares y personas que no están relacionadas con el dinero, pero que están emergiendo ‘bajo la salmuera’ y contribuyendo a la creación de nuestra vibrante economía local de encurtidos.

Foto: Mark Harvey

Fermentando hacia el future

Desde 2020, Social Pickle ha experimentado muchos cambios. El cierre de Foodhall a principios de 2023, principalmente debido a los costos de alquiler y las dificultades financieras causadas por la pandemia, significó perder nuestra cocina y pausar los Glut Clubs. Nos adaptamos mudándonos a un espacio de trabajo compartido para almacenamiento y pequeñas reuniones, y estableciendo más alianzas con otras organizaciones.

Social Pickle nuevamente está en un tiempo de incertidumbre; miembros clave han llegado y se han ido, y nuevamente perdimos nuestro espacio a finales de 2024. A pesar de estas transiciones, las micro y macro comunidades de Social Pickle seguirán por siempre brotando en Sheffield, todas enraizadas en nuestra madre vinagre original. El conocimiento, la alegría y la creatividad que hemos compartido a través de ella, junto con otros microbios, encurtidos, manos pegajosas, sonrisas y estómagos satisfechos, seguirán circulando y multiplicándose, creando comunidades saludables y felices de cuidado inter-especies que seguirán sosteniéndonos y nutriéndonos en el futuro.


Autora: Nicole Kennard fue una de las fundadoras de Social Pickle en 2020 y coorganizó el proyecto hasta que regresó a su ciudad natal, Atlanta, EE. UU., en 2023. Allí sigue participando en proyectos comunitarios relacionados con la alimentación y realiza investigaciones sobre sistemas alimentarios locales resilientes en el Instituto de Tecnología de Georgia. Contacto: Nicole Kennard, kennard3@gatech.edu

Este artículo se basa en las experiencias y perspectivas compartidas por Nicole y otros fundadores y miembros de Social Pickle, como: Hannah Fincham, Ross Bennett, Lucy Marriott, Poppy Turner, Tara Hill y Matt McCabe.

Vea aquí un vídeo sobre Social Pickle

Este artículo forma parte del número 2-2025: Cultivando la salud y la sanación