Mi nombre es Method Gundidza. Nací en una pequeña aldea agrícola en Bikita, cerca de las antiguas ruinas de la ciudad de Gran Zimbabue. Cuando reflexiono sobre el camino que he recorrido, me invade un profundo sentimiento de gratitud. Inspirándome en la agroecología para fomentar la resiliencia frente a los impactos del cambio climático, trabajo junto a personas mayores para reavivar nuestra relación con la tierra, las semillas, el espíritu y entre nosotros mismos.
En el corazón de este trabajo hay una profunda comprensión de que la red de la vida está tejida conforme a las leyes y saberes de la Madre Tierra. Lugares especiales, como las majestuosas montañas rocosas que se alzan en la sabana de Bikita, los frescos y sombríos bosques, o nuestros arroyos, ríos y manantiales, siempre han sido sagrados. Lamentablemente, la reverencia que los pueblos indígenas sentían por estas tierras y aguas fue demonizada por la iglesia y los colonizadores. Más tarde, fue aún más reprimida por la agricultura industrial, que impone semillas híbridas, esparce químicos que matan el suelo, contamina las aguas subterráneas, colmata nuestros ríos y tala árboles autóctonos para dar paso a extensos monocultivos. No supimos apreciar el valor de las semillas de nuestras abuelas y, bajo la influencia de agencias gubernamentales que promovían el maíz híbrido como el cultivo milagroso para el sur de África, las dejamos de lado sin reparo. El maíz híbrido y otras semillas importadas fracasaron año tras año, causando hambre y desesperación en quienes habían llegado a depender de ellas.
A esta Bikita herida regresé en 2015: un lugar muy distinto al de mi infancia. Una pesada tristeza se había posado sobre las montañas desnudas, que ya no devolvían con alegría el eco de las voces que se llamaban de un valle a otro. En cambio, su voz se había vuelto atronadora y nos rugía cuando llegaban las lluvias. Torrentes de agua arrastraban enormes rocas por laderas erosionadas, y temíamos por nuestras vidas.
En el corazón de este trabajo hay una comprensión profunda de que la red de la vida se teje según los saberes y las leyes de la Madre Tierra
Junto a un grupo de mujeres agricultoras, decidimos que la mejor manera de comenzar a restaurar nuestra memoria cultural era volver a sembrar cultivos autóctonos resistentes: mijo, sorgo y maíz tradicional. Estas semillas “conocían” la tierra y estaban adaptadas al clima, por lo que prosperaban incluso en condiciones adversas. Acompañé, una a una, a las personas agricultoras de Bikita en el proceso de recuperar las semillas tradicionales que habíamos perdido. Muchas de ellas llegaron gracias a ferias de semillas y alimentos realizadas en otras regiones de Zimbabue, así como en Sudáfrica, Malaui, Zambia y Kenia, donde productoras y productores se reúnen para intercambiar semillas, alimentos y saberes.
Las semillas que hemos recuperado no solo benefician a la tierra y a las personas, sino que algunas también se utilizan para elaborar una cerveza sagrada que nos conecta con nuestras ancestras y ancestros. Volver a prepararla abrió el camino para que, junto con otras comunidades de Zimbabue y Sudáfrica, reactiváramos rituales vinculados al calendario agrícola: desde ceremonias de bendición de semillas y peticiones de lluvia, hasta festivales de agradecimiento por los primeros frutos y las cosechas abundantes. Estos rituales se realizan en Sitios Naturales Sagrados e incluyen a toda la comunidad: personas mayores, médiums espirituales, liderazgos tradicionales, mujeres agricultoras, juventudes y niñeces; cada quien aporta su papel único en el tejido de las canastas de la vida.

Sustentamos este trabajo en la Jurisprudencia de la Tierra, una filosofía legal que reconoce a la Tierra como una comunidad viva con derechos. Es la guía y referencia de un movimiento continental en crecimiento que busca sanar la diversidad perdida y fortalecer la resiliencia frente a la crisis climática.
Creamos espacios para que la memoria cultural vuelva y para que las cosmovisiones africanas den forma a futuros regenerativos, basados en la justicia para los seres humanos y los más-que-humanos. Junto a otras personas practicantes de Jurisprudencia de la Tierra en todo el continente, estamos recuperando saberes indígenas, practicando la agroecología, cultivando semillas tradicionales para fortalecer la soberanía alimentaria y protegiendo Sitios Naturales Sagrados, con el fin de robustecer de manera integral la resiliencia frente a las crisis de nuestro tiempo.
Este enfoque refuerza la confianza en las formas africanas de ver y de ser, que reflejan la abundancia y generosidad que tantas veces observamos en la naturaleza. Desde esta perspectiva, es justo y necesario compartir semillas, alimentos, el fuego del hogar y la propia casa. Existen leyes consuetudinarias que respaldan estas prácticas y que constituyen la base de la responsabilidad, la justicia y el respeto que alimentan la diversidad biocultural.
Hoy vuelvo a ver a las comunidades unirse mediante prácticas tradicionales como el Jangano y el Lilima, para apoyarse mutuamente en el trabajo de los campos y celebrar con alimentos nutritivos cultivados localmente y cerveza artesanal. Ahora, cuando camino de una aldea a otra, siento que el paisaje entero empieza a sanar a mi alrededor. Mi corazón se colma de amor, y me siento profundamente agradecido de que la vida me haya llevado de nuevo a mis raíces en la Bikita rural.
Autor: Method Gundidza es codirector de la EarthLore Foundation y miembro fundador del African Earth Jurisprudence Collective, una red en expansión de personas practicantes con enfoque centrado en la Tierra en todo el continente, respaldada por el programa Trainings for Transformation de The Gaia Foundation. Contacto: method@earthlorefoundation.org
Más información sobre el African Earth Jurisprudence Collective: earthjurisprudence.africa
Video aquí.
Este artículo forma parte del número 3-2025: Tejiendo Resiliencia y Resistencia
