2026 | Pratap Marode | Issue 4 Las juventudes liderando la agroecología

Arraigado en la esperanza: el regreso de un joven agricultor al suelo, las semillas y la solidaridad en la India

En Vidarbha, India, donde la agricultura ha estado durante mucho tiempo marcada por la deuda, la pérdida y un miedo silencioso, un joven agricultor decide quedarse: aprende del fracaso, recupera el algodón autóctono y reconstruye la dignidad a través del cuidado colectivo. Su trayectoria revela la agroecología no como un acto individual de resiliencia, sino como una red viva de jóvenes, mujeres, semillas y trabajo compartido que, poco a poco, restaura la esperanza en la tierra y entre las personas.

No eran crueles. Tenían miedo.

Miedo a la deuda. Miedo a que la tierra se volviera en su contra. Miedo a un algodón que ya no alimentaba a las familias, sino que las devoraba.

Durante décadas, los agricultores de Vidarbha, en el estado de han vivido con el temor de que el fracaso de las cosechas, la deuda, el cambio climático y el monocultivo se vuelvan en su contra. Los suicidios de agricultores no son cifras abstractas. Son nombres, rostros y hogares vacíos. Cuando los jóvenes presencian estos suicidios, rechazan la agricultura como profesión. No conocen estas muertes por los periódicos o la televisión; las ven directamente en pueblos cercanos, a veces incluso dentro de sus propias familias.

Estas experiencias dejan un impacto psicológico duradero. Hoy en día, muchos padres afirman abiertamente que no quieren que sus hijos se conviertan en agricultores. Muchas jóvenes de origen rural dudan en casarse con agricultores porque la agricultura se percibe como inestable y arriesgada. Lo que comenzó como una crisis agraria se ha convertido gradualmente en una crisis social, erosionando la dignidad, las relaciones y el futuro de las comunidades rurales. La mayoría de los jóvenes a mi alrededor quiere abandonar la agricultura.

Elegir la agricultura a pesar de todo

Al crecer, muchos escuchamos frases como: “estudia bien, si no acabarás siendo agricultor”. La educación se presentaba como una vía de escape de la agricultura.

“¿Por qué haces esto?” Esa fue la pregunta que más escuché cuando empecé a cultivar en 2016. A veces se hacía con cuidado, otras con dureza, otras con una simpatía que pesaba más que la crítica. En mi pueblo, Palshi Zashi, no era habitual que los jóvenes eligieran ser agricultores. “La agricultura ya no tiene dignidad”, me dijo un vecino abiertamente. Otro añadió: “¿Y ecológica? Vas a dejar la tierra de tu familia estéril”.

Cuando estaba en la escuela, leí un libro sobre George W. Carver. Fue la primera vez que la agricultura se me presentó como creatividad en lugar de obligación. Lo que me marcó no fue solo su ciencia, sino su actitud, su humildad, su perseverancia y su servicio a la tierra y a las personas. Plantó en mí una semilla silenciosa: la agricultura puede ser un trabajo inteligente y creativo.

Plantó en mí una semilla silenciosa: la agricultura puede ser un trabajo inteligente y creativo

Más tarde, al leer La revolución de una brizna de paja de Masanobu Fukuoka, algo cambió más profundamente. Su escritura fomentó la confianza en los procesos naturales y en la reducción de la intervención. El libro puso palabras a una sensación que ya llevaba dentro: que la naturaleza tiene su propia sabiduría si aprendemos a escuchar. Un episodio de Satyamev Jayate, una serie sobre alimentación segura, me impactó profundamente. Me hizo darme cuenta de que la agricultura no era solo una actividad económica, sino también moral. A través de esta cadena de lecturas y reflexiones, encontré mi camino hacia la agroecología. Empecé a verla no solo como un método de cultivo, sino como un enfoque basado en valores que conecta la salud del suelo, la biodiversidad, la dignidad de los agricultores y la alimentación segura.

Antes de dedicarme por completo a la agricultura, trabajé con Pragati Abhiyan en empleo rural y en el programa MGNREGA, una medida de bienestar social que buscaba garantizar el “derecho al trabajo”, y posteriormente con Paani Foundation en gestión de cuencas y trabajo comunitario. Estas experiencias cambiaron mi forma de ver la agricultura. En 2020, durante la pandemia de COVID, dos amigos y yo decidimos cultivar hortalizas ecológicas en seis acres. Nuestro plan era sencillo: producir localmente, vender localmente. “Tenemos demanda”, dijo uno con confianza. “Y ahora la gente quiere alimentos ecológicos”, dijo otro.

Nos equivocábamos.

Visita de campo durante el Festival de Semillas de Sevagram. Foto: Pratap Marode

La falta de experiencia, las plagas y enfermedades, y una mala planificación de la comercialización condujeron a resultados decepcionantes. La pérdida económica fue dolorosa, pero el impacto emocional fue aún mayor. Mis amigos lo vivieron muy mal. Uno me dijo en voz baja: “No puedo permitirme otro fracaso”. Otro me confesó que tenía un sueño recurrente: la gente del pueblo se reía de su familia por su fracaso. Así de intensa era la presión social. Poco a poco, ambos decidieron alejarse de la agricultura ecológica. Entendí su decisión, pero su partida dejó un vacío difícil de describir.

Habíamos empezado como un pequeño grupo impulsado por la esperanza, y de repente me encontré casi solo en este terreno incierto. Para mí, quedarme no fue una decisión valiente ni clara. Fue una sensación mezclada y confusa. No sabía si estaba en lo correcto o no. A veces me sentía social y emocionalmente aislado, pero también sentía una fuerte responsabilidad hacia la tierra y el sueño que habíamos iniciado. Me quedé porque mis padres me apoyaron, y mi esposa y mis hermanos creyeron en mí, incluso cuando el resultado era incierto.

Del fracaso a la fuerza colectiva

Nuestro fracaso en la comercialización en 2020 nos obligó a replantearlo todo. Afortunadamente, alrededor de once jóvenes agricultores de Vidarbha se reunieron para imaginar alternativas. Así nació Friends of Earthworm Farmer Producer Company. No comenzó como un plan formal ni como un modelo de negocio. Comenzó con una necesidad compartida de dignidad y respeto para los agricultores.

Lo que más me marcó es que esta tradición cruzaba silenciosamente las fronteras sociales

Recuerdo nuestra primera larga reunión en el pueblo de Janori. Nos sentamos en el suelo de la casa del agricultor Avinash, hablando abiertamente sobre lo más difícil de la agricultura. No era solo el fracaso de las cosechas o el clima, sino también los problemas de comercialización. Una y otra vez, los agricultores cultivan con cuidado, pero los precios los fijan otros: comerciantes, mercados lejanos, políticas públicas e intermediarios. Nos dimos cuenta de que individualmente éramos débiles en el mercado, pero juntos al menos podíamos negociar, experimentar y aprender. Venta colectiva, marca colectiva y responsabilidad colectiva: esas ideas empezaron a tomar forma allí mismo. Decidimos que las decisiones sobre los productos de los agricultores debían ser tomadas por los propios agricultores. Ese se convirtió en nuestro principio de gobernanza colectiva. A partir de esa reunión, Friends of Earthworm nació como una promesa colectiva.

Sayal: la agricultura como cuidado colectivo

Con el tiempo, nuestro trabajo evolucionó hacia lo que hoy llamamos Sayal Farm. Sayal es una tradición centenaria en Vidarbha en la que los agricultores se apoyan mutuamente durante las temporadas de mayor trabajo sin intercambio monetario. La palabra refleja nuestra filosofía: la agricultura es cuidado colectivo.

Antes, si un agricultor tenía solo un buey pero necesitaba un par para arar, pedía prestado otro a un vecino. Más tarde, cuando ese vecino necesitaba ayuda, el intercambio se invertía. Sin dinero, sin acuerdos escritos. Algunas relaciones de Sayal continuaban durante años entre las mismas familias. Recuerdo especialmente una familia de nuestro pueblo que tenía una relación de Sayal de larga duración con la nuestra. Lo que más me marcó es que esta tradición cruzaba silenciosamente las fronteras sociales. En zonas rurales donde las divisiones de casta y clase eran fuertes, Sayal a menudo suavizaba esas líneas. El trabajo creaba otro tipo de igualdad.

Hoy, Sayal Farm abarca cuarenta acres de tierra familiar. Cultivamos cerca de treinta cultivos. Más de 1.200 árboles crecen en la finca, algunos con más de 200 años, y hemos plantado casi 300 más en la última década.

Algodón indígena cultivado de forma orgánica en la granja Sayal. Foto: Pratap Marode

Sanar un cultivo roto

En Vidarbha, el algodón no es solo un cultivo. Es una herida. Desde su aprobación para el cultivo comercial en 2002, el algodón Bt, un cultivo modificado genéticamente, prometía mayores rendimientos y prosperidad en India. Al principio, algunos agricultores se beneficiaron. Con el tiempo, los costes aumentaron, la resistencia de las plagas regresó y la dependencia se profundizó. Los campos de algodón se convirtieron en espacios de ansiedad y deuda.

En 2021, decidimos cultivar algodón autóctono no como un experimento de mercado, sino como un acto de reparación. El algodón autóctono encaja naturalmente en sistemas agroecológicos: es resiliente, permite guardar semillas y depende menos de insumos externos. Empezamos a cultivar variedades como Kondapatti y otras obtenidas de universidades agrícolas. El procesamiento, sin embargo, fue el verdadero desafío. El hilado y el tejido tuvieron que realizarse mediante esfuerzos colaborativos. Cuando la tela hecha con nuestro algodón finalmente llegó, mi padre la sostuvo en silencio durante mucho tiempo.

“He sido agricultor durante cincuenta años”, dijo, con la voz inestable, “pero este es el momento más orgulloso de mi vida”.

Usamos la tela dentro de nuestras familias y comunidades y no la vendemos. Nuestro objetivo no es el beneficio, sino la participación. Queremos que más agricultores, especialmente jóvenes, se incorporen al ecosistema del algodón autóctono. En los próximos años, planeamos trabajar con al menos veinte jóvenes agricultores que participarán en el proceso. Esta no es una historia de éxito. Es una historia en curso. Y está arraigada.

Paciencia, humildad y calma

En 2013, algunos agricultores y pioneros de Vidarbha comprendieron que, junto con la agricultura, la soberanía de las semillas necesitaba espacios públicos. Así comenzó Beejotsav (Festival de semillas) en Nagpur. En 2023 organizamos el Festival de Semillas de Satpuda y el de Sevagram, que desde entonces se han convertido en espacios anuales de diálogo sobre agroecología, semillas autóctonas y prácticas agrícolas colectivas. Para muchos jóvenes participantes, es la primera vez que ven la agricultura no como un fracaso, sino como una posibilidad.

El autor Pratap Marode en conversación con mujeres y jóvenes agricultores/as en el congreso de la Organic Farming Association of India. Foto: Uday Kawade

Ningún relato honesto de la agroecología puede ignorar a las mujeres. En nuestra región, las mujeres realizan cerca del ochenta por ciento del trabajo agrícola – siembra, deshierbe y cosecha -, pero su conocimiento sigue infravalorado. Mi madre, Rekha, es conservadora de semillas. Es la guardiana de las semillas de nuestra finca. Cada temporada, después de la cosecha, selecciona cuidadosamente qué semillas guardar para el futuro. Las seca correctamente, las almacena en recipientes tradicionales y las protege con hojas de neem. Cuando escucho hablar de soberanía de semillas y liderazgo femenino, veo en mi mente sus manos clasificando semillas sobre un plato metálico en el patio. La agroecología se fortalece cuando se reconoce el liderazgo de las mujeres.

La agroecología me ha enseñado paciencia, humildad y calma. La naturaleza enseña sin gritar. El futuro de la agricultura en Vidarbha no será construido por individuos heroicos. Estará moldeado por colectivos, semillas autóctonas, liderazgo femenino y jóvenes dispuestos a quedarse, cuestionar y reconstruir.


Autor: Pratap Marode (32) es un agricultor ecológico de Vidarbha, India. Trabaja con su familia y con otros agricultores para fortalecer la agroecología, los cultivos autóctonos y la conservación de semillas. Forma parte de iniciativas impulsadas por agricultores como Sayal Farm y Friends of Earthworm FPC, y colabora como voluntario con organizaciones agrícolas locales, entre ellas la Organic Farming Association of India y Beejotsav. Contacto: pratapmarode@gmail.com

Más información (en inglés) en estos videos:

https://www.youtube.com/watch?v=dy-MjAg47xE
https://www.youtube.com/watch?v=K9GNFjiV8gQ
https://www.youtube.com/watch?v=y2IsSs6JSZM
https://www.youtube.com/watch?v=R3NAtF_KZ8o

Este artículo forma parte del número 4-2026: Las juventudes liderando la agroecología.