2026 | Francesco Londoño | Issue 4 Las juventudes liderando la agroecología

Cómo la agroecología está frenando la migración juvenil en el campo colombiano

La migración de jóvenes hacia las áreas urbanas en Colombia, impulsada por la falta de empleo y acceso a la educación en un contexto de violencia, representa no solo un cambio demográfico, sino también un desafío laboral para las comunidades rurales del país. En respuesta, han surgido iniciativas de base que buscan que las juventudes permanezcan en el campo o regresen a él. El Convite Campesino, una asociación de jóvenes campesinos/as en Boyacá (Colombia), trabaja en esa dirección mediante la práctica de la agroecología, la construcción de mercados locales y la creación de nuevos tipos de empleo con una visión basada en la soberanía alimentaria.

Las ideas innovadoras de las y los jóvenes campesinos son fundamentales en la transición agroecológica. Contribuyen a una agricultura guiada por principios ecológicos y sociales, fomentando la construcción de paz tanto dentro de las comunidades como con el entorno, algo especialmente relevante en Colombia. Al mismo tiempo, los sistemas agroecológicos suelen requerir mayor mano de obra, que la juventud puede aportar. Estas son las razones por las que impulsamos una iniciativa para mantener a las juventudes en la agricultura.

El Convite Campesino

El Convite Campesino es una asociación campesina fundada durante la pandemia de COVID-19 en 2019 por jóvenes campesinos de Arcabuco, en el departamento de Boyacá, y estudiantes de la Universidad Externado de Colombia, en Bogotá. Yo fui uno de esos estudiantes. Durante la pandemia, varios regresamos a nuestras casas familiares en la cercana ciudad de Tunja. La organización se creó inicialmente para apoyar a las familias campesinas de Arcabuco en la venta de sus productos agrícolas en Tunja, ya que estos se habían acumulado debido a las restricciones de movilidad y los toques de queda.

Los/as jóvenes campesinos/as recolectaban maíz, papa, verduras y frutas de las familias de la región y los empacaban en cajas. Nosotros/as, por nuestra parte, promovíamos estas cajas a través de nuestras redes personales, organizábamos rutas de entrega en Tunja y nos encargábamos de la distribución. Todas las ganancias se transferían a los/as campesinos/as, y los precios se fijaban de manera conjunta, considerando lo que tanto campesinos/as como estudiantes consideraban justo en relación con los precios del mercado local.

Taller juvenil en Chíquiza, Boyacá. Foto: Asociación El Convite Campesino.

Juventud y migración en Colombia

Colombia es un país sudamericano con aproximadamente 40 millones de habitantes, de los cuales el 26% ha sido identificado oficialmente como campesino. Sin embargo, esta proporción era mucho mayor en el pasado: hasta la década de 1950, el 60% de la población vivía en zonas rurales. La disminución de la población rural ha sido impulsada principalmente por el conflicto armado y por políticas de modernización que priorizan el desarrollo urbano en detrimento del campo. Actualmente, la migración del campo a la ciudad representa el 62% de la migración en Colombia.

Entre las personas migrantes migrantes, los/as jóvenes (de 14 a 28 años) son las más afectadas. Migran principalmente en busca de empleo, acceso a la educación y lugares más seguros para vivir. Aproximadamente el 12% de los/as jóvenes rurales se trasladan a las ciudades, donde la mayoría termina trabajando en empleos informales y mal remunerados. A pesar de esto, muchos/as mantienen fuertes vínculos con sus raíces campesinas y regresan ocasionalmente a sus lugares de origen, aunque pocos/as vuelven de forma permanente.

A medida que la iniciativa se consolidó y la pandemia dejó de ser el principal factor impulsor, ampliamos su alcance. A través de un sistema de suscripción, los/as consumidores/as recibían una caja dos veces al mes con productos seleccionados por los/as campesinos/as, con la opción de cambiar hasta tres artículos. Este sistema no solo permitió aumentar las ganancias de los productores y crear un fondo colectivo para la asociación, sino también establecer un modelo en el que familiares de los campesinos eran remunerados por los servicios de entrega, en lugar de depender de estudiantes voluntarios/as. Además, se redujo la carga de trabajo en la recolección y el empaque gracias a la planificación de entregas y la estandarización de los productos.

Reflexiones sobre los ingresos y la alimentación: la necesidad de soberanía alimentaria

Esta mayor estabilidad también nos permitió reflexionar colectivamente sobre dos cuestiones clave. La primera: si esta forma de comercialización representaba realmente una alternativa económicamente viable frente al sistema tradicional con intermediarios. Desde una perspectiva económica, la venta directa mediante cajas no era suficiente para garantizar ingresos justos a los/as campesinos/as. Por ello, concluimos que, mientras el mercado no creciera, era necesario combinar intermediarios tradicionales con la venta directa.

Un inventario reveló que la mayoría de las y los campesinos tenía una dieta muy limitada

La segunda reflexión surgió a partir de las preferencias de los consumidores, quienes valoraban que la mayoría de los productos fueran orgánicos. Sin embargo, no todos lo eran, y la variedad de alimentos era limitada. Como resultado, algunos consumidores dejaron de comprar, ya que les resultaba complicado complementar la caja con compras en supermercados. Esto nos llevó a reflexionar sobre cómo mejorar la calidad y diversidad de los productos.

De ahí emergió una cuestión más estructural relacionada con la dieta campesina: si las y los campesinos no podían ofrecer mayor variedad, ¿acaso ellos mismos dependían de alimentos comprados para lograr una dieta equilibrada o sufrían carencias nutricionales?

Un inventario reveló que, en efecto, la mayoría tenía una dieta muy limitada: basada principalmente en papa cultivada por ellos/as mismos/as, huevos y leche de sus animales, y la compra de arroz, café, sal y, ocasionalmente, carne. Estos hallazgos nos llevaron a considerar la necesidad de construir soberanía alimentaria en las familias campesinas mediante la agroecología.

Intercambio campesino de prácticas agroecológicas

En El Convite Campesino, la agroecología se concibe principalmente como un método técnico, social y científico para garantizar una dieta diversa, nutritiva y soberana para cada familia. Solo de manera secundaria se considera como un enfoque económico para generar excedentes que puedan ser comercializados.

Cada finca dentro de la asociación practica la agroecología a su manera, según su contexto específico. Por ejemplo, algunas fincas se caracterizan por sistemas altamente diversificados y una baja dependencia de insumos externos y de maquinaria como tractores. En contraste, otras fincas cultivan un único producto comercial utilizando fertilizantes orgánicos adquiridos externamente, prácticas de acolchado (mulching) y el uso ocasional de pesticidas químicos, junto con parcelas más pequeñas manejadas de forma orgánica destinadas al autoconsumo, con pequeñas cantidades de una amplia variedad de verduras y frutas. Estas fincas suelen emplear sistemas de rotación cultivo–ganado con papa, pastoreo y maíz. Esta diversidad entre las fincas proporciona una base para la colaboración y el aprendizaje mutuo a través de una metodología de campesino a campesino, en la que todos cuentan con experiencias valiosas.

Encuentro intergeneracional en el municipio de Cómbita, Boyacá. Foto: Asociación El Convite Campesino

De manera informal, durante las reuniones de la asociación u otros encuentros sociales, las y los campesinos intercambian consejos sobre desafíos relacionados con las fincas, como el manejo de plagas, la mortalidad animal o la nutrición de las plantas. La asociación también crea espacios para que estos intercambios se den de forma más estructurada mediante una forma de trabajo cooperativo conocida como “convite”, de donde toma su nombre. Al menos una vez al mes, toda la asociación es invitada a colaborar en la finca de uno/a de sus miembros, realizando las tareas agrícolas que se requieran. Por la tarde, se lleva a cabo una reflexión colectiva en la que emergen las lecciones aprendidas durante el día. Esta reflexión se guía por preguntas sobre qué se puede aprender de la experiencia campesina y cómo se intercambian conocimientos entre generaciones jóvenes y mayores.

Los convites también son eventos sociales con comidas compartidas preparadas con ingredientes provenientes de distintas fincas. La cocina colectiva ofrece una oportunidad para intercambiar recetas, semillas y tradiciones que las personas mayores poseen y que los/as jóvenes pueden aprender. En nuestra experiencia, estos encuentros también son momentos para cuestionar los roles de género tradicionales  – como que las mujeres se encarguen de la cocina mientras los hombres trabajan en el campo –  y para entablar discusiones políticas, particularmente en torno a políticas locales de desarrollo rural que a menudo entran en conflicto con los intereses campesinos.

Trabajo remunerado para jóvenes

Además de los convites, organizamos talleres. Algunos son facilitados por campesinos/as y ex estudiantes que cofundaron El Convite Campesino, mientras que otros son impartidos por campesinos/as de distintas regiones de Colombia o por profesionales especializados en áreas como el manejo de suelos o el monitoreo agroecológico. Estas actividades cuentan con el apoyo de tres proyectos financiados.

La cocina colectiva ofrece una oportunidad para intercambiar recetas, semillas y tradiciones que poseen las personas mayores

Además de respaldar los talleres, estos proyectos han permitido asegurar pagos para otros/as jóvenes de origen campesino miembros de la asociación. Por ejemplo, jóvenes campesinos formados como diseñadores gráficos, gestores de redes sociales o fotógrafos han asumido la responsabilidad de administrar las redes sociales de la asociación y ahora reciben una remuneración por su trabajo. De manera similar, contadores realizan tareas administrativas por las cuales son pagados.

De este modo, jóvenes campesinos que inicialmente migraron a zonas urbanas para formarse en estos campos están siendo atraídos de regreso a sus lugares de origen. Allí encuentran nuevos roles que no han sido tradicionalmente reconocidos como trabajo campesino. Actualmente, cuatro jóvenes campesinos y un ex estudiante cofundador de la asociación están empleados de manera permanente con salario. Además, todos los jóvenes participan como voluntarios en tareas administrativas o logísticas ocasionales, y algunos reciben pagos intermitentes por labores específicas directamente relacionadas con la asociación.

La diversificación de la agrobiodiversidad en las fincas, la venta directa de excedentes y el aprendizaje a través de convites y talleres permiten a los/as jóvenes locales reducir los costos de insumos agrícolas, al tiempo que incrementan la soberanía alimentaria y los ingresos mediante la combinación de nuevas fuentes de ingreso y conocimiento.

Invitación a la bioconstrucción en Chíquiza, Boyacá. Foto: Asociación El Convite Campesino

Desafíos en el acceso a la tierra

En este momento, El Convite Campesino está conformado por 85 familias asociadas en 85 fincas distintas ubicadas en los municipios de Arcabuco, Cómbita y Chíquiza, en Boyacá. Aproximadamente 50 de ellas están representadas por jóvenes campesinos, quienes han recibido diversos materiales para construir viveros, sistemas de captación de agua, instalaciones para la producción de bioinsumos y otros tipos de infraestructura.

A pesar de haber trabajado la tierra durante generaciones, casi ninguno de los miembros de la asociación posee derechos formales de propiedad, principalmente debido a la limitada capacidad del sistema judicial encargado de la titulación de tierras en Colombia. Esto debilita su confianza para seguir invirtiendo trabajo y recursos en sus fincas.

En un intento por abordar este problema y redistribuir la tierra entre la población campesina, el Estado colombiano impulsó reformas agrarias en 1936, 1961 y 1994, y actualmente se encuentra desarrollando una cuarta. Los tres intentos anteriores fracasaron en gran medida porque los grandes terratenientes utilizaron tanto el cabildeo político en el Congreso nacional como la violencia armada para obstaculizar su implementación. La reforma actual enfrenta dificultades similares debido al poder e influencia de estos actores.

Además, llevar a la práctica todas las actividades de la asociación no es sencillo. La agroecología no es posible sin una organización comunitaria sólida, y sostener El Convite Campesino requiere un compromiso significativo. Cuando estas responsabilidades se suman al trabajo en la finca y a las tareas de cuidado, las labores organizativas se vuelven abrumadoras para muchos miembros, especialmente para las mujeres. Por esta razón, es necesario contar con una compensación económica para aquellas personas que puedan dedicarse a tiempo completo a la asociación. Aunque hemos logrado asegurar algunos pagos a través de proyectos, el último de ellos finaliza este año, por lo que la asociación necesita una fuente de ingresos a largo plazo.

Asimismo, el sistema de comercialización mediante cajas requiere con urgencia que la asociación cuente con medios de transporte propios. Actualmente, cerca del 40% del precio de venta de los alimentos corresponde a costos de entrega asociados al alquiler de camiones. Esto encarece los productos, un problema que podría evitarse con un vehículo propio.

En conclusión, El Convite Campesino ofrece soluciones viables, arraigadas en el territorio, para frenar la migración juvenil del campo a la ciudad mediante la promoción de la agroecología. Iniciativas de base como esta fortalecen la soberanía alimentaria y fomentan la creación de nuevos tipos de empleo. Sin embargo, siguen siendo fundamentales cambios estructurales en la tenencia de la tierra, un mayor apoyo financiero y una mejor articulación entre las políticas estatales y las organizaciones campesinas para garantizar su éxito sostenido frente al histórico legado de concentración de la tierra y violencia en Colombia.


Autor: Francesco Londoño (26) es un geógrafo colombiano, activista y cofundador de El Convite Campesino. Actualmente trabaja con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Roma. Contacto: francesco.londonomedina@gmail.com

Fuentes:

  • Pardo, R. (2017). (documento de trabajo). Diagnóstico de la juventud rural en Colombia (pp. 1–49). Santiago de Chile, Chile: RIMISP.
  • Fajardo, D. (2002). Para sembrar la paz, hay que aflojar la tierra (1. ed.). Universidad Nacional de Colombia, Instituto de Estudios Ambientales.
  • ANAP, CITMA, Y OXFAM. (2016). Metodología de campesino a campesino. ANAP.

Este artículo forma parte del número 4-2026: Las juventudes liderando la agroecología.