2026 | Wendy Guadalupe Ek Uc et al. | Issue 4 Las juventudes liderando la agroecología

Juventudes mayas construyendo autogestión desde su territorio

Crecimos viendo la agricultura, la meliponicultura y la apicultura como herencias familiares. Sin embargo, a lo largo de nuestra formación, nos enfrentamos a una profunda desconexión, ya que las juventudes migraban. Ante esta realidad, sentimos una urgencia compartida por organizarnos y construir un futuro en el que no sea necesario abandonar nuestro territorio maya para poder vivir. Un futuro en el que las juventudes organizadas puedan impulsar alternativas basadas en el cuidado de las abejas nativas, los sistemas alimentarios tradicionales, la biodiversidad y los ecosistemas que sostienen la vida en nuestras comunidades.

Nuestras comunidades en la región maya de Quintana Roo, inmersas en la selva mexicana, enfrentan desafíos cotidianos derivados de las dinámicas económicas extractivistas y del modelo capitalista dominante. En este contexto, vemos constantemente a familiares, amistades y personas cercanas migrar en busca de “mejores oportunidades”. En ese proceso, a menudo se dejan atrás las raíces, la lengua, la cultura y la identidad.

Así comenzó nuestro camino. Éramos un grupo de estudiantes de agroecología (siete mujeres y dos hombres) de la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo (México), originarios/as de comunidades mayas. Nuestros rumbos aún no estaban del todo definidos, pero nos unía un propósito común: permanecer en nuestro territorio.

Actividad en la comunidad de aprendizaje. Foto: Juan MV

Motivación inicial

Nuestra primera experiencia de aprendizaje colectivo fue con la Comunidad de Aprendizaje y Práctica Juventudes para la Agroecología y la Comercialización (CAJAC), impulsada por la Community Agroecology Network (CAN) y El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR). Este espacio buscaba tejer redes de apoyo entre personas jóvenes interesadas en fortalecer procesos agroecológicos y comunitarios.

En ese intercambio, nuestra “obsesión” inicial fueron las semillas nativas de la milpa maya. Sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que nuestros esfuerzos debían ir más allá. Decidimos comprometernos con un modelo integral que articula la agricultura, la apicultura y la meliponicultura. Entendimos la agroecología no solo como una técnica o un modelo productivo, sino como una forma de vida. Para nosotras, la agroecología es una herramienta que combina saberes tradicionales con prácticas innovadoras y nos permite enfrentar los desafíos actuales mediante la defensa de nuestro territorio – nuestro hogar.

Llegamos a entender que, en la cultura maya, la vida no se organiza en sectores aislados. Todo está conectado

Esta comprensión no provino de los libros. Surgió de la experiencia: de observar a nuestras abuelas y abuelos trabajar en sus parcelas, huertos y patios. Así entendimos que, en la cultura maya, la vida no se organiza en sectores aislados. Todo está conectado. Es esa memoria la que nos impulsa cada día a seguir apostando por un modelo integral basado en los sistemas alimentarios tradicionales que históricamente han sostenido a nuestras comunidades. Y por eso comenzamos a trabajar con abejas nativas.

Nuestras maestras más exigentes: las abejas

Trabajar con la Xunaan kaab (una abeja melipona sin aguijón) y con otras abejas nativas transformó nuestros ritmos de trabajo y nuestra forma de observar el territorio.

En la región maya, la meliponicultura implica un profundo ejercicio de observación y reflexión. Las abejas nos enseñan que un colectivo, como una colmena, está conformado por individuos con roles distintos, pero orientados al bien común. En la colmena no existe el individualismo: si una parte falla, todo el sistema se debilita.

Colonia de la abeja Xunaan kaab (Melipona beecheii). Foto: Juan MV

Como grupo de jóvenes, tenemos diferencias y desacuerdos. Hoy entendemos que estos no son obstáculos, sino oportunidades para detenernos, escuchar y dialogar. Es en ese encuentro de perspectivas donde surgen miradas más completas y resilientes, fortaleciendo nuestro camino colectivo.

Aprender a autogestionarnos

Desde que iniciamos este camino colectivo en 2019, hemos acumulado muchos aprendizajes. Uno de los más difíciles, pero también uno de los más importantes, fue reconocer la necesidad de la autogestión colectiva y el valor de las voces juveniles en la toma de decisiones.

Aprendimos a pasar de la dependencia de otras organizaciones hacia la construcción de una autonomía real, donde nuestras voces tienen peso y podemos trazar nuestro propio rumbo. La autogestión implica asumir responsabilidades, equivocarnos y aprender de esos errores. Pero también significa fortalecernos como colectivo.

Esta búsqueda de autonomía nunca ha implicado caminar en soledad. Nuestro proceso ha sido profundamente intergeneracional, involucrando a abuelas, abuelos, madres y padres – portadores de conocimientos invaluables. Aunque aportamos una mirada técnica desde la academia, estas personas también nos recordaron lo que significa interactuar con la selva: comprender y respetar sus ciclos, y reconocer que la tecnología pierde sentido cuando se separa del conocimiento tradicional.

Mirar dentro de la colmena: reconocer nuestros propios roles

La integración de estas formas de conocimiento con la defensa de nuestra autonomía no es algo que quede en el papel. Son realidades que vivimos día a día y que forman parte de nuestra memoria colectiva, construida a través de crisis, aprendizajes y logros. Sin embargo, este proceso no ha sido fácil.

Nuestro papel dentro de esta “colonia” también implica mirar hacia adentro. Significa reconocer desde dónde cada quien defiende la vida y reflexionar sobre cómo se viven estas enseñanzas en lo cotidiano, en lo íntimo.

Grupo de meliponicultura “Tuumben Sak Lol” en la comunidad de Dzulá: espacio de aprendizaje entre miembros del colectivo e integrantes de la comunidad. Foto: Ximena VC

Una de nosotras, Flor, es una mujer maya que creció observando los ciclos de la tierra; para ella, el trabajo colectivo, la milpa y la apicultura no son teoría: son identidad, una extensión de nuestro ser cultural. Como ella reflexiona, hemos enfrentado dificultades en la toma de decisiones, especialmente por el reto de organizarnos de forma horizontal: al momento de elegir el siguiente paso, muchas veces no sabíamos qué dirección tomar, y la diversidad de opiniones alargaba el tiempo necesario para llegar a acuerdos. También surgieron separaciones inesperadas dentro del grupo, poniendo a prueba nuestra resiliencia como colectivo.

Superar estos momentos fue clave para reafirmar nuestro compromiso y entender que la defensa del territorio requiere una unidad fuerte, capaz de atravesar el fuego del conflicto.

Para Juan, apasionado de las abejas nativas, la meliponicultura representa mucho más que un modelo de producción de miel: es una forma de vida y una herramienta de resistencia ecológica. Integrar a las abejas fue un paso natural, ya que no se puede hablar de la milpa sin hablar también de sus polinizadores. Observarlas nos obliga a reflexionar sobre la necesidad de conservar y restaurar los ecosistemas, no solo para producir, sino para devolver a las generaciones futuras una parte de lo que nos ha sido confiado. Como dice Juan: “la tierra no nos pertenece, sino a nuestros hijos”.

Cuidar la vida también implica cuidar la memoria colectiva

Para Wendy, apicultora, su relación con la tierra y el cuidado de las abejas comenzó desde muy pequeña, guiada por las manos y las palabras de sus padres y abuelos. De ellas y ellos aprendió que cada semilla, cada insecto y cada árbol tiene un lugar y un propósito, y que cuidar la vida también implica cuidar la memoria colectiva. Sin esa guía, reconoce, no habría adquirido los saberes ancestrales que hoy sostienen su camino.

Wendy está convencida de que las juventudes no son solo el futuro, sino el presente vivo de los procesos agroecológicos y culturales arraigados en el territorio. Son las juventudes – afirma – quienes pueden sembrar esperanza, defender la identidad y cuidar la vida, para que las raíces sigan floreciendo con el paso del tiempo.

Un llamado a la acción

Esta conciencia de ser herederas y herederos de una memoria viva, y de cargar con la responsabilidad del futuro, es lo que nos impide quedarnos quietas. Entendimos que defender el territorio exige más que buenas intenciones. Requiere juventudes que dejen de ser beneficiarias pasivas para convertirse en liderazgos activos con poder de decisión.

Hoy llevamos esta convicción a la práctica en comunidades mayas del estado de Quintana Roo, donde construimos nuestro propio modelo de formación integral y ofrecemos talleres comunitarios gratuitos para involucrar a jóvenes en actividades que fortalezcan su vínculo con el territorio: desde la agroecología y el cuidado de las abejas nativas, hasta herramientas de comunicación visual como la fotografía y el video, con el objetivo de compartir y multiplicar nuestros saberes.

Con esto, cerramos con el siguiente mensaje:

A las juventudes les decimos: no esperen permiso. Demasiadas veces, la participación juvenil se reduce a una foto o a una simulación que permite a otras personas decir “escuchamos a las juventudes”, pero que termina en actas y reportes que nunca tienen seguimiento. No aceptemos ese papel. Construyamos nuestros propios espacios de decisión. Tenemos la capacidad de crear soluciones reales, desde y para nuestras comunidades.


Autores: Wendy Guadalupe Ek Uc (24) es apicultora y agricultora de José María Morelos, Quintana Roo. Facilita procesos agroecológicos con juventudes en su comunidad. Eliezer May Pat (24) es originario de Yaxley, Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo. Es ingeniero en sistemas de producción agroecológica y se dedica al cultivo de la milpa, la apicultura y la conservación de semillas nativas. Flor Isabel Nahuatz Díaz (27) es de la comunidad de Señor, Quintana Roo. Es ingeniera en sistemas de producción agroecológica y trabaja en la milpa familiar, así como en la conservación de semillas y la recuperación de plantas medicinales. Juan Carlos Mayo Velázquez (24) es agroecólogo y meliponicultor de Quintana Roo. Trabaja en la conservación de abejas nativas y en la articulación de saberes tradicionales con la agroecología en la región maya. Contacto: jovenesdelazonamaya@gmail.com

Este artículo forma parte del número 4-2026: Las juventudes liderando la agroecología.