2026 | Simon Bukenya et al. | Issue 4 Las juventudes liderando la agroecología

Juventudes que lideran el camino en la agroecología

A lo largo de continentes, lenguas y paisajes, las personas jóvenes no están esperando a ser invitadas a transformar los sistemas alimentarios: ya lo están haciendo a través de la agroecología. Este cuarto número de Rooted Magazine reúne voces e historias de juventudes que están recuperando la tierra, las semillas, los saberes y la comunidad de maneras que desafían los sistemas alimentarios dominantes, al tiempo que nutren alternativas basadas en el cuidado, la resiliencia y la justicia. Lo que emerge no es un relato único sobre “la juventud en la agricultura”, sino un mosaico de experiencias vividas que revelan la agroecología como una práctica y un movimiento profundamente social, político e intergeneracional.

En un momento en que los sistemas alimentarios globales están cada vez más industrializados, son extractivos y están desconectados de las realidades ecológicas, las juventudes navegan un terreno complejo. Muchas enfrentan barreras para acceder a la tierra, a los recursos y a los espacios de toma de decisiones. Otras se enfrentan a la erosión de los sistemas de conocimiento indígenas y locales, a la inestabilidad climática y a la incertidumbre económica. Aun con estas limitaciones, los ejemplos de este número muestran que las juventudes no son víctimas pasivas: son agentes activos de transformación, capaces de reconocer las posibilidades que ofrece la agroecología.

Este issue nos muestra que las juventudes no son víctimas pasivas, sino agentes activas de transformación

En distintos contextos, las personas jóvenes están revitalizando sistemas de semillas, protegiendo la biodiversidad y reafirmando la importancia de los saberes locales. Los bancos de semillas, los espacios comunitarios de aprendizaje y otras iniciativas lideradas por agricultores y agricultoras emergen como herramientas poderosas, no solo para la producción de alimentos, sino también para la continuidad cultural y la autonomía. Estos esfuerzos reducen la dependencia de insumos externos y de sistemas controlados por corporaciones, y en su lugar fortalecen la resiliencia local y la autodeterminación.

Lo que resulta muy claro en las contribuciones de este número – muchas de ellas escritas por autores y autoras menores de 35 años – es que las juventudes cuentan con una enorme energía para probar y demostrar nuevas ideas. En Nepal, una red nacional de jóvenes agricultores ha aprendido que: “El cambio no comienza con permiso, comienza con la práctica”. En España, jóvenes están atrayendo a sus pares a un supermercado cooperativo a través de “ver y probar”. De manera similar, en Sri Lanka, jóvenes afirman: “Nuestra respuesta no es debatir, sino demostrar”.

Tejiendo puentes entre mundos

Al mismo tiempo, las juventudes están tendiendo puentes entre mundos. Se mueven entre lo rural y lo urbano, entre la tradición y la innovación, entre prácticas ancestrales y nuevas formas de organización. En sus manos, la agroecología no es estática: evoluciona mediante la experimentación, el aprendizaje colectivo y la solidaridad más allá de las fronteras. Para las personas jóvenes, las conversaciones sobre futuros justos y ecológicamente sostenibles son tangibles y tienen un peso profundo.

Nuevas formas creativas (¡y efectivas!) de formación en agroecología están siendo impulsadas por juventudes, como lo demuestran el “Agroecology Bootcamp” en Costa de Marfil, el huerto forestal educativo “Raíces Fuertes” en la comunidad indígena del Chocó en Ecuador, y el “Tour de la Francia agrícola” liderado por estudiantes. La agroecología se aprende mejor haciendo, jugando y sintiéndose parte, como muestran dos experiencias en Brasil. Una colección de historias breves en este número destaca cómo las aulas sin muros son clave para integrar la agroecología en instituciones educativas formales. De hecho, la agroecología requiere este tipo de educación que “reivindica la belleza, la alegría y la creatividad como bases legítimas del conocimiento”, como plantea Liann Shannon.

Preparación y organización de semillas para la demostración Foto: AYNN

En este número, las propias juventudes comparten cómo la agroecología es un camino para recuperar su dignidad e identidad. A muchas se les ha dicho que la agricultura es algo atrasado o poco rentable; para estas personas jóvenes, involucrarse en la agroecología se convierte en una forma de reimaginar lo que significa ser agricultor, productor de alimentos o emprendedor agroecológico. Se trata de orgullo, propósito y conexión con la tierra, con la comunidad y con las generaciones futuras.

En lugares donde la migración desde las zonas rurales es un problema importante, las juventudes se están levantando. En Colombia, una organización de jóvenes agricultores está generando nuevos empleos y dietas más saludables en áreas rurales, mientras que en Italia jóvenes están “regresando para resistir” a través de actividades educativas. Tras varios años de formación y de creación de microempresas agroecológicas, en el este de Honduras las juventudes ya no son vistas como “el futuro que se va”, sino como “el presente que restaura”.

En la misma línea, muchas de las experiencias compartidas señalan el interés de las juventudes por revitalizar cultivos y saberes tradicionales, así como por el profundo trabajo de restauración que esto implica. La integración de abejas nativas en la agricultura está en el corazón de una hermosa iniciativa de un grupo de jóvenes mayas en México. En Maharashtra, el estado con el mayor número de suicidios de agricultores en la India, jóvenes están cultivando algodón indígena no como un experimento de mercado, sino como un acto de reparación. Y en Perú, personas investigadoras-activistas acompañan a jóvenes agricultores y a mujeres migrantes en sus esfuerzos por revitalizar las culturas alimentarias y las relaciones ancestrales de reciprocidad con la tierra.

También valoramos enormemente las contribuciones creativas de jóvenes a este número, que expresan nuevos imaginarios: como un collage realizado por estudiantes en Ithaca (EE. UU.) sobre “lo que la agroecología significa para ellos”, y un poema de una autora brasileña que comienza con las palabras “La juventud camina donde la tierra recuerda”.

Superar las barreras estructurales

Aunque a menudo se reconoce a las juventudes de manera retórica como “el futuro”, sus voces son frecuentemente excluidas de los procesos de toma de decisiones que configuran los sistemas alimentarios actuales. Si bien sus innovaciones son celebradas y valoradas, para apoyar verdaderamente a las juventudes en la agricultura también debemos abordar las desigualdades estructurales que limitan su potencial.

Las juventudes requieren ser valoradas como agentes de cambio del movimiento

La agroecología, a través de la participación, exige una reconfiguración del poder: una que reconozca a las juventudes no solo como beneficiarias, sino como líderes, portadoras de conocimiento y fuerzas impulsoras del cambio. Sin embargo, la participación juvenil en la gobernanza alimentaria global hoy en día tiende a reproducir mecanismos de formulación de políticas que legitiman la cooptación y la exclusión, como argumenta Ida Simonsen, quien además propone formas de construir mejores estructuras de participación para las personas jóvenes. Un enfoque de “nada sobre nosotros/as sin nosotros/as” concibe a las juventudes (y a otros actores) como co-creadoras, en lugar de un grupo al que simplemente se consulta. Es necesario reconocer a las juventudes como agentes activos de cambio en el movimiento, en todos los niveles: desde la incidencia política y la investigación, hasta el trabajo en el campo y la acción directa.

El acceso a la tierra sigue siendo uno de los desafíos más urgentes. Sin derechos seguros sobre la tierra, muchas personas jóvenes que practican la agroecología operan en condiciones de incertidumbre, lo que limita su capacidad de invertir en prácticas ecológicas a largo plazo. En Uganda, por ejemplo, para madres adolescentes que sí tienen acceso a huertos familiares, estos se han convertido en espacios de liberación en vidas marcadas por la pobreza, la dependencia y el estigma.

La generación más joven comprende cómo aprovechar las herramientas digitales de maneras que fortalezcan los movimientos agroecológicos. Desde compartir conocimientos a través de redes sociales y espacios de aprendizaje en línea, hasta coordinar redes y documentar innovaciones locales, las tecnologías digitales permiten a las juventudes conectar comunidades, amplificar las voces campesinas e intercambiar ideas más allá de las fronteras, de formas que antes no eran posibles.

En todo el mundo, las juventudes utilizan la tecnología de diversas maneras para transformar sus comunidades, crear empleos dignos y revitalizar conocimientos tradicionales en el contexto globalizado actual. Jóvenes agricultores en el Congo se están convirtiendo en referentes vivos de cambio mediante el uso de herramientas digitales. Sin embargo, aunque estas herramientas pueden ser útiles, como explica un artículo de opinión, es necesario actuar con cautela para garantizar la soberanía de los datos y el control comunitario. Las y los jóvenes líderes pueden impulsar transiciones digitales autónomas en la agroecología, pero solo con la formación y el apoyo adecuados.

Estudiantes de una escuela de Malaui durante una sesión de jardinería de permacultura. Foto: SCOPE Malawi

El poder de la acción colectiva juvenil

Lo que distingue a esta generación de jóvenes agricultores es su comprensión de los desafíos sistémicos más amplios que configuran sus condiciones. Son conscientes de que, en una época marcada por los efectos cada vez más visibles de la crisis climática y ecológica, y por la interconexión digital, la agricultura implica mucho más que conocer el contexto local y las prácticas productivas. Las experiencias reunidas en este número muestran la naturalidad con la que las juventudes asumen la organización y el trabajo en red como elementos centrales de su labor.

Muchas personas jóvenes comprenden plenamente la complejidad de los sistemas alimentarios globales, la ecología y las luchas sociales, y están desempeñando un papel clave en la construcción de movimientos intergeneracionales e interculturales, como aprendimos en nuestra entrevista con dos líderes de la National Farmers Union en Nueva Escocia. De manera similar, en países fuertemente afectados por el cambio climático, vemos cómo las juventudes están liderando procesos de organización para el cambio. En Zambia, jóvenes están creando círculos de aprendizaje empoderadores en agroecología; en Cabo Verde, movimientos juveniles organizan el acceso al agua y a la tierra; y en Kenia, jóvenes agricultores movilizan una fuerza de trabajo clave para la agroecología, recorriendo finca por finca.

La experiencia global y colectiva de las juventudes puede ayudar a la agroecología a aliarse con los movimientos y las comunidades en las que resuena

Ya sea en sus comunidades locales o a través de redes interregionales, estos espacios colectivos son esenciales para compartir conocimientos y construir solidaridad frente a sistemas que marginan a las personas y a los ecosistemas. Este número de Rooted muestra que la agroecología no trata solo de técnicas o prácticas, sino también de relaciones: entre seres humanos y naturaleza, entre generaciones y entre movimientos. Se trata de cuidado, reciprocidad y del reconocimiento de que los sistemas alimentarios están profundamente entrelazados con la justicia social y ecológica.

Cada una de estas historias ofrece una ventana a las formas en que las juventudes están reimaginando los sistemas alimentarios en sus propios contextos. En conjunto, desafían las narrativas dominantes que presentan a las personas jóvenes como desinteresadas o desvinculadas de los futuros sostenibles, la agricultura, la conservación de la biodiversidad y el desarrollo comunitario. Por el contrario, revelan una generación profundamente comprometida no solo con producir alimentos, sino con transformar los sistemas que determinan cómo se producen, se comparten y se valoran. La experiencia colectiva de las juventudes a nivel global puede ayudar a que la agroecología se articule y entrelace con otros movimientos y comunidades afines en la lucha común por medios de vida más justos y dignos, y por mayores libertades.

Este número de Rooted Magazine es una invitación a escuchar las voces de las juventudes, no como un gesto simbólico, sino como un paso necesario para construir sistemas alimentarios justos. Es una invitación a reconocer la agroecología como una práctica viva y en constante evolución, moldeada por quienes están en la primera línea. Y es una invitación a reflexionar sobre cómo podemos apoyar colectivamente las condiciones que permitan a las juventudes prosperar en la agroecología, porque el futuro de la alimentación no es algo que simplemente llegará: ese futuro ya está siendo cultivado por muchas manos jóvenes, entusiastas, en campos, calles, comunidades y movimientos alrededor del mundo.


Autores: Simon Bukenya (29) is el Coordinador del Grupo de Trabajo de Agroecología de la Alianza por la Soberanía Alimentaria en África (AFSA) y también coordinador de programas de Agroecología y Cambio Climático, con base en Uganda. Martha Soriano (38) es co-representante juvenil en la junta directiva 2025-2026 de la Sociedad Latinoamericana de Agroecología (SOCLA) y jefa del departamento forestal del Ayuntamiento de Morelia, Michoacán, México. Dan Connor (27) es cofundador de Talamh Óg, una organización de jóvenes agricultores y trabajadores de la tierra en Irlanda, y forma parte de la articulación juvenil de la Coordinadora Europea de La Vía Campesina (ECVC). Actualmente trabaja como agricultor de semillas en el norte de Londres. Solina Diallo (29) es editora de Rooted Magazine y participa en el activismo de base, la investigación antropológica y el teatro comunitario, con un enfoque en la transformación de los sistemas alimentarios, la ecología y el colonialismo.

Este artículo forma parte del número 4-2026: Las juventudes liderando la agroecología.