Cómo producimos y reproducimos la vida cuando las imposiciones del sistema moderno-colonial han fragmentado nuestras relaciones con la tierra y debilitado los vínculos comunitarios que históricamente nos han sostenido? Esta pregunta surge del sentir, pensar y observar una experiencia concreta de organización popular protagonizada por mujeres en territorios periurbanos del Ande central peruano.
A lo largo de tiempos milenarios, han sido las mujeres quienes han sostenido y defendido el trabajo de los cuidados y la reproducción de la vida comunitaria. Sin embargo, estas labores han sido sistemáticamente invisibilizadas y despojadas de su carácter productivo por el orden patriarcal y capitalista.
Este artículo analiza la experiencia “Diálogos a la Olla”, un proceso de organización agroecológica y alimentaria desarrollado desde 2023 en el barrio periurbano de Las Moras, región de Huánuco, Perú. A partir de una metodología de Investigación Acción Militante (IAM), articulada con la Educación Popular, se acompañó el proceso organizativo de las ollas comunes “Leoncio Prado” y “Las Delicias”, conformadas mayoritariamente por mujeres migrantes, junto con la organización Alsakuy Agroecológica quien está compuesta principalmente por juventudes y cuyo rol fue el del acompañamiento formativo en el proceso.
El texto muestra cómo, en contextos de precariedad urbana, las prácticas de cuidado, autogestión alimentaria y formación política se configuran como estrategias de defensa y reproducción de la vida. La agroecología, entendida como proyecto político-territorial, se entrelaza aquí con la soberanía alimentaria, la organización comunitaria y la lucha por el acceso al agua.
El territorio: migración y periurbanidad
La experiencia se sitúa en un valle del Ande central, en Huánuco, a aproximadamente 1900 msnm, rodeado por tres grandes jirkas (montañas sagradas) y atravesado por quebradas y microcuencas. Históricamente, estas montañas contaban con mayor cobertura vegetal, hoy reducida por el crecimiento urbano desmedido.

En la microcuenca Las Moras, ubicada en la montaña Rondos, se asentaron hace aproximadamente treinta años numerosas familias migrantes provenientes de zonas altoandinas y amazónicas de la región. Actualmente existen más de quince asentamientos humanos periurbanos que enfrentan graves carencias en servicios básicos, especialmente acceso continuo al agua potable y electricidad.
A pesar de estas condiciones, las poblaciones han reconfigurado el territorio, construyendo formas de vida que oscilan entre lo rural y lo urbano, configurando la actual periurbanidad de la ciudad.
Las ollas comunes: resistencia y autogestión
Aunque el proceso formal inició en 2023, las prácticas que lo sostienen se nutren de memorias, saberes y experiencias previas de cuidado comunitario y buen vivir. Las ollas comunes funcionan como organizaciones populares de alimentación en barrios precarizados, donde diariamente se alimentan entre 80 y 100 personas, principalmente madres solteras, niñas y niños, y personas adultas mayores.
Las ollas comunes surgieron en los años setenta en Lima como respuesta a la crisis económica, y fueron reactivadas masivamente en 2020 durante la pandemia de Covid-19. En 2021, tras procesos de lucha, se logró la Ley de Ollas Comunes, que establece la entrega de alimentos por parte de las municipalidades. Sin embargo, el subsidio – aproximadamente 0,075 dólares por ración – resulta insuficiente para garantizar una alimentación digna y saludable.
Solo alrededor del 20 % de los alimentos proviene de aportes municipales; el resto se autogestiona mediante ventas y redes locales. Aproximadamente el 70 % de los insumos es de origen de la agricultura familiar local y apenas un 10 % corresponde a proteína animal.
Las madres migrantes que integran las ollas son portadoras de saberes vinculados al cuidado de la tierra y la producción de alimentos
Las mujeres que integran las ollas son mayoritariamente madres migrantes, muchas con experiencia agrícola previa y portadoras de saberes vinculados al cuidado de la tierra y la producción de alimentos. En el cotidiano del barrio, el sostenimiento de la vida implica cuidados domésticos, crianza compartida, faenas comunitarias, cocina colectiva y trabajos informales.
En el mundo andino, las prácticas de existencia se estructuran en torno a relaciones de reciprocidad como el ayni. La agricultura constituye una forma de co-crianza entre personas, semillas, suelos y otras formas de vida. Estos vínculos sostienen el Allin Kawsay o buen vivir. Al migrar a contextos urbanos y periurbanos, estos principios no desaparecen, sino que se transforman.
En contraste, las ciudades organizadas bajo lógicas patriarcales y capitalistas erosionan la relación con la tierra y mercantilizan el alimento. El acceso a una alimentación digna queda subordinado a la capacidad de generar ingresos, excluyendo a amplios sectores populares.
Diálogos a la Olla: formación y articulación
El proceso “Diálogos a la olla” nació durante el inicio del régimen dictatorial encabezado por Dina Boluarte, ante la necesidad colectiva y territorial de articularnos, formarnos y recuperar formas de construir soberanía alimentaria desde lo popular. En este contexto, Alsakuy Agroecológica, como organización juvenil, se acercó a las compañeras de las organizaciones de base de las ollas comunes, quienes también sostienen estas apuestas en medio de la crisis alimentaria más fuerte de las últimas décadas. Desde este lugar, Alsakuy impulsa procesos de articulación, formación y acción colectiva entre juventudes y organizaciones comunitarias.
Adaptamos nuestro proceso metodológico a partir de la Investigación Acción Participativa (IAP) y la Educación Popular, entendida como un enfoque que articula investigación y acción transformadora mediante la participación activa de las comunidades en la producción colectiva de conocimiento orientado al cambio social. Este enfoque reconoce la no linealidad, los diálogos de saberes horizontales, la humildad, el sentipensar, la crítica situada, el fortalecimiento identitario y la construcción de herramientas transformadoras desde la información recuperada del territorio como principios centrales. Como organización juvenil militante, fuimos adaptando la IAP hacia una metodología que también acompañe y fortalezca nuestra acción organizativa y articuladora.

En este proceso, también nos enfrentamos a nuestros propios límites, reconociendo momentos en los que, incluso desde una apuesta crítica, reproducíamos dinámicas de organización del conocimiento heredadas de la academia hegemónica. Este reconocimiento implicó un ejercicio constante de revisión, desaprendizaje y reconfiguración de nuestras prácticas, apostando por herramientas adaptadas a las necesidades, tiempos y deseos de las organizaciones participantes, lo que nos llevó a comprender este proceso como una Investigación Acción Militante (IAM).
Para iniciar, se implementó una fase previa de reconocimiento y articulación. Tras reuniones de coordinación, las y los jóvenes de Alsakuy Agroecológica participaron en el cocinar diario en las ollas comunes, lo que resultó central para la construcción de confianza y solidaridad de clase. Compartir el trabajo cotidiano permitió comprender las dinámicas organizativas, políticas y las múltiples problemáticas que atraviesan las mujeres y sus barrios. A partir de este momento, se propuso una serie de talleres que funcionaron como espacios de formación, evaluación y organización colectiva, integrando a todas las participantes en el proceso investigativo como investigadoras de su propia realidad. Estos se estructuraron en cinco ejes temáticos: Cuerpo-Territorio, Sistemas Agroalimentarios, Usos y Relacionamientos con el Agua, Metodologías Formativas y Derechos Humanos. A lo largo del proceso, se buscó que facilitadoras y participantes asumieran roles claros, concertados y no jerárquicos, promoviendo una educación mutua y liberadora.
Con el uso de cartografías y bordado, mapearon los lazos entre memorias, sentires e historia
Los talleres iniciaron con el eje “Cuerpo-Territorio”, como una forma de reconocimiento sensible de la identidad individual y colectiva, así como de su relación con el territorio. Se basó en el uso de cartografías y bordado para mapear los lazos entre memorias, sentires e historia en la construcción del barrio, identificando espacios vulnerables, de encuentro, sanadores y seguros. Esto permitió comprender de forma crítica y sistemática cómo las experiencias se entrecruzan en las mujeres del barrio, desde los procesos migratorios hasta los efectos de sostener las ollas comunes en sus cuerpos – cansancio, estrés -, pero también la solidaridad y el reconocimiento de la olla como un espacio seguro de encuentro. Así, se evidenció que el cuidado no solo sostiene la vida material, sino también la vida emocional y colectiva.
En el segundo eje, “Sistema Agroalimentario”, se categorizó y evaluó colectivamente la procedencia de los alimentos, reflexionando sobre con qué nos alimenta el Estado y a qué alimentos se accede desde la autogestión. La problematización de las brechas alimentarias llevó a proyectar un horizonte basado en la autonomía, con alternativas más dignas y saludables, como la construcción de huertos comunitarios. Esto dio lugar a una serie de talleres técnico-políticos para compartir saberes de prácticas tradicionales y ancestrales de la agricultura, profundizar en el conocimiento de las interacciones y ciclos de vida en el ecosistema, y repensar la división del trabajo productivo para fortalecer la organización.
El tercer eje, “Usos y relacionamientos con el agua”, permitió reconocer las profundas brechas en el acceso a servicios básicos entre ambas ollas. Mientras la Olla Común Leoncio Prado cuenta con acceso al servicio, la Olla Común Las Delicias enfrenta graves problemas de salud y alimentación debido a la falta o baja calidad del agua. A partir de ello, se generaron acciones orientadas a un plan de lucha para garantizar este derecho. Esta situación evidenció que el acceso desigual al agua no es solo un problema técnico, sino que expresa jerarquías territoriales y políticas que configuran ciudadanías diferenciadas en los espacios periurbanos.
El cuarto eje, “Metodologías formativas”, surgió al reconocer la importancia del trabajo articulado entre ollas comunes para hacer efectivos los reclamos de justicia y fortalecer la autonomía colectiva. Así, se inició un proceso de formación de formadoras que hoy avanza hacia la articulación de ocho ollas comunes de la microcuenca.
El último eje, “Derechos Humanos”, fue transversal a todo el proceso, incorporando espacios de lectura y análisis de marcos legales y normativos para comprender sus formas de aplicación y exigibilidad, así como los derechos necesarios para garantizar una vida digna.
A lo largo del proceso, comprendimos en la práctica que la construcción de conocimiento parte del saber popular y tradicional, avanzando en ciclos continuos que integran reflexión y acción, donde cada iteración profundiza los aprendizajes. Retomamos así la idea de que el conocimiento se eleva a partir de la práctica transformadora, en un movimiento constante entre acción y reflexión. Asimismo, situar las emociones en el centro del proceso formativo permitió una apropiación más profunda y significativa de los contenidos, reconociendo su dimensión política y subjetiva.

Lecciones, tensiones y desafíos
Desde Alsakuy Agroecológica, como organización juvenil andino-migrante, leemos este proceso reconociendo que, en el mundo andino, la vida se organiza en torno a lo comunitario. Las familias no existen separadas, sino en relaciones de reciprocidad como el ayni. La agricultura es una forma de co-crianza entre personas, semillas, suelos y otras formas de vida: no solo criamos, también somos criadxs por los territorios. Estos vínculos sostienen el Allin Kawsay o buen vivir.
En contextos urbanos y periurbanos, aunque las lógicas patriarcales y capitalistas erosionan la relación con la tierra y mercantilizan el alimento, estos principios no desaparecen, sino que se transforman. Como juventudes organizadas, buscamos fortalecer esas continuidades, entendiendo que el cuidado sigue siendo base de la producción y reproducción de la vida.
De este camino emergen tres horizontes comunes: fortalecer la soberanía alimentaria, recuperar los vínculos comunitarios y dignificar la vida
Las socias de las ollas sostienen múltiples trabajos en condiciones de alta precariedad. Desde nuestro rol como organización juvenil articuladora, identificamos dificultades materiales y tensiones propias de los procesos organizativos: desgaste emocional, participación desigual y dificultades para sostener compromisos. Estas tensiones no debilitan el proceso, sino que nos han exigido adaptar constantemente nuestras metodologías para sostener el compromiso colectivo.
De este camino emergen tres horizontes comunes: fortalecer la soberanía alimentaria, recuperar los vínculos comunitarios y dignificar la vida. Esto se expresa en huertos agroecológicos y la articulación de las ollas, en la reactivación de prácticas comunitarias como la yunza, ligada a la celebración de la cosecha, y en avances hacia mejores condiciones de vida, como espacios de educación alternativa y la lucha por el acceso justo al agua.
Finalmente, desde una mirada intergeneracional, entendemos que la transformación agroecológica no es solo productiva, sino también un proceso de sanación y reconstrucción de vínculos con la tierra, el alimento y la comunidad. Como organización de jóvenes, asumimos este proceso como abierto: más que cerrar respuestas, buscamos sostener preguntas que siguen cocinándose en la olla, en el barrio y en la vida cotidiana.
Autores: Mel Becerra Lavado (30). Alsakuy Agroecológica. Educadore e investigadore popular con experiencia formativa con mujeres e infancias. Paul Hospinal Román (33). Alsakuy Agroecológica. Educador Popular y se dedica a la Agroecología. Estudió Agronomía en la Universidad Nacional Agraria La Molina. Nori Verina Díaz Espinoza (35). Alsakuy Agroecológica. Educadora popular e investigadora comprometida con la agroecología como proyecto político, epistemológico y territorial. Correo: alsakuy.agroecologica@gmail.com
Este artículo forma parte del número 4-2026: Las juventudes liderando la agroecología.