2026 | Amilton Ary Lopes et al. | Issue 4 Las juventudes liderando la agroecología

Una pedagogía viva de la resiliencia: agroecología y juventudes rurales en Cabo Verde

En Casa de Meio, una comunidad agrícola en la isla de Santo Antão, en Cabo Verde, la agroecología ha emergido como un proceso colectivo para construir resiliencia. En un territorio marcado por la sequía crónica, el acceso limitado a la tierra y la migración juvenil, se han abierto nuevos caminos mediante la combinación de organización juvenil, acceso a tierra y agua, energías renovables y experimentación liderada por agricultores y agricultoras. Esta experiencia muestra cómo la agroecología puede fortalecer los sistemas alimentarios locales, crear oportunidades para las juventudes y reconectar la producción, la educación y la restauración ecológica, incluso en contextos semiáridos altamente vulnerables.

En Casa de Meio, en el municipio de Porto Novo, el viento sopla casi constantemente. El suelo seco se agrieta bajo los pies y apenas hay vegetación. Sin embargo, a lo largo de un lecho rocoso que parece estéril, aparecen huertos, parcelas cultivadas y sistemas agroforestales emergentes. Estas señales de vida agrícola no surgieron de la abundancia, sino de la escasez y de una historia marcada por la emergencia social, las sequías recurrentes y la capacidad colectiva de transformar la vulnerabilidad en resiliencia.

La historia de Casa de Meio está profundamente ligada a la crisis climática que ha marcado a Cabo Verde a lo largo del siglo XX. Tras la independencia en 1975, la necesidad urgente de garantizar ingresos mínimos para las poblaciones rurales llevó a la creación del programa de Obras Públicas de Alta Intensidad de Mano de Obra (FAIMO, por sus siglas en portugués). Este programa gubernamental de emergencia proporcionaba empleo temporal en obras públicas – como la construcción de presas, caminos y terrazas -, ofreciendo ingresos esenciales a familias crónicamente afectadas por la sequía. Este mecanismo se convirtió en un motor del desarrollo agrícola local y, en 1994, comenzó la experiencia que daría lugar a Casa de Meio.

A pocos kilómetros de la ciudad de Porto Novo, existían dos pozos de agua subterránea, uno de ellos inactivo. Veintidós familias de Ribeira das Patas, que buscaban escapar de las duras condiciones de vida en las zonas montañosas de la isla, aceptaron el reto de asentarse allí y cultivar una extensa llanura árida y ventosa utilizando esa agua.

Acolchados para preservar el agua. Foto ADPM

Permanecer en la tierra

Los inicios fueron difíciles. Los suelos eran pobres y pedregosos, trabajados manualmente con azadas y con un gran esfuerzo físico. Hubo que construir muros, abrir caminos, instalar infraestructuras de agua y, quizás lo más complejo, gestionar colectivamente recursos escasos, especialmente el agua y la energía. En los primeros tiempos, las familias vivían en contenedores; las casas llegaron después. El asentamiento de Casa de Meio nació del esfuerzo colectivo en torno a un objetivo común: permanecer en la tierra.

Desde el principio, la agricultura fue principalmente de base familiar. Pequeñas parcelas, trabajo manual y conocimientos agrícolas prácticos transmitidos de madres y padres a hijas e hijos. Este sistema garantizaba el abastecimiento alimentario de los hogares y algunos excedentes para los mercados locales, pero seguía siendo vulnerable al cambio climático, a la escasez de agua y a la volatilidad de los precios de los insumos agrícolas, especialmente en un contexto insular altamente dependiente de las importaciones.

Treinta años después, Casa de Meio es un pequeño asentamiento compuesto en gran medida por familias jóvenes. La dimensión intergeneracional se ha vuelto central para la supervivencia de la comunidad. En generaciones anteriores, las personas jóvenes crecían en el campo junto a sus familias, empapándose de conocimientos sobre prácticas tradicionales mientras enfrentaban desde temprana edad las exigencias físicas del trabajo agrícola. Al mismo tiempo, la incertidumbre sobre el futuro aumentaba. A medida que las parcelas familiares se ocupaban completamente y el acceso a la tierra y a la vivienda se volvía más limitado, migrar a centros urbanos, a otras islas o al extranjero se convirtió en una opción real.

Una lección clave de este periodo es clara: sin acceso a la tierra, al agua y a condiciones dignas para la agricultura, las juventudes rurales abandonarán el campo, independientemente de sus vínculos culturales con la agricultura.

Construir una fuerza juvenil colectiva

Fue en este contexto que la colaboración entre la comunidad, el municipio local y organizaciones de la sociedad civil abrió nuevas posibilidades. En 2012, bajo el nombre Cultivá Bô Tchôn (“Cultiva tu tierra”), se estableció un centro de experimentación y demostración agrícola y ambiental, con el apoyo de la Asociación Portuguesa para la Defensa del Patrimonio de Mértola. Este centro introdujo nuevos conocimientos y capacidades para la comunidad, especialmente para las juventudes: sobre energías renovables para el bombeo de agua, prácticas agroecológicas centradas en la conservación del suelo y estrategias de adaptación climática.

Por primera vez, las personas jóvenes se organizaron como una fuerza colectiva

Más allá de ofrecer herramientas y técnicas, este centro se convirtió en un espacio de aprendizaje práctico y experimentación. No todo funcionó desde el inicio. Algunos cultivos fracasaron por su mala adaptación a las condiciones locales de suelo y clima, y la gestión colectiva de equipos requirió tiempo, diálogo y resolución de conflictos. Aun así, el proceso fue fundamental para que jóvenes agricultores y agricultoras reconocieran la agroecología como una oportunidad real de futuro en su territorio.

De este proceso surgió el grupo que hoy se conoce como la Asociación de Jóvenes Agricultores de Casa de Meio (AJACM). Por primera vez, las personas jóvenes se organizaron como una fuerza colectiva, capaz de formular propuestas, negociar apoyos y gestionar recursos compartidos.

En 2017 comenzó una nueva etapa con la iniciativa “Jóvenes Agricultores de Casa de Meio”, propuesta por las propias juventudes. A través de ella, 47 jóvenes accedieron a tierras e infraestructuras agrícolas, incluyendo sistemas de abastecimiento de agua, bombas solares y un centro de procesamiento de alimentos. El objetivo era claro: crear condiciones concretas para el autoempleo en la agricultura y hacer el sector más atractivo para las nuevas generaciones, fortaleciendo el vínculo entre producción, transformación y mercados.

Un laboratorio vivo

La pandemia de COVID-19 en 2020 evidenció profundas vulnerabilidades en los sistemas alimentarios de Cabo Verde. Las restricciones de movilidad y el aumento de los precios de los alimentos importados afectaron especialmente a los territorios más dependientes del exterior. En Santo Antão, y particularmente en Casa de Meio, la diversidad de la producción agrícola y la cercanía entre producción y consumo resultaron decisivas. La autonomía alimentaria dejó de ser un concepto abstracto para convertirse en una condición concreta de resiliencia.

A partir de 2021, Casa de Meio se consolidó cada vez más como un laboratorio vivo de transición agroecológica. Proyectos desarrollados en alianza con organizaciones locales e internacionales contribuyeron a afianzar prácticas adaptadas a condiciones semiáridas, fortaleciendo los vínculos entre producción agrícola, conservación ecológica y resiliencia climática.

Educación ambiental para estudiantes universitarios en la parcela. Foto ADPM

El intercambio de conocimientos a través de iniciativas como “Soluciones agroecológicas para una agricultura resiliente en África Occidental” (CIRAWA) impulsó a las juventudes a invertir en la producción de compost orgánico, biofertilizantes y alimentos balanceados granulados; a diversificar cultivos adaptados a las condiciones locales; y a desarrollar sistemas agroforestales. Estas prácticas se comparten con agricultores y agricultoras vecinas, mientras la AJACM brinda apoyo técnico, plántulas de viveros comunitarios y maquinaria para la gestión de parcelas.

Más recientemente, se han plantado cortinas rompevientos alrededor del perímetro comunitario para reducir la evaporación, aumentar la biodiversidad y mejorar la producción de materia orgánica y forraje. También se ha creado un nuevo espacio comunitario para el manejo postcosecha y almacenamiento de hortalizas, fortaleciendo aún más la integración entre producción, transformación y gestión sostenible de los recursos compartidos.

Aulas al aire libre

Pero la agroecología en Casa de Meio va más allá de la producción agrícola. La dimensión educativa se ha convertido en una parte integral del trabajo cotidiano de la asociación juvenil. Las escuelas visitan regularmente los campos y viveros, transformando los espacios productivos en aulas al aire libre. Para muchas niñas y niños, estas actividades representan su primera experiencia consciente de cuidar la tierra como un bien común. Como parte de los esfuerzos por conservar la flora endémica, se cultivan especies nativas que luego se plantan junto a las comunidades escolares, restaurando la biodiversidad y fortaleciendo el vínculo entre conservación ecológica y sistemas agrícolas.

Para muchas niñas y niños, estas actividades representan su primera experiencia consciente de cuidar la tierra

El aprendizaje también se extiende a las propias personas agricultoras. Las formaciones sobre sistemas agroforestales, economía rural, producción de biopesticidas y construcción de invernaderos con materiales reutilizados se desarrollan en encuentros periódicos entre agricultores y agricultoras de toda la isla. Se comparten errores, logros y dudas. Las juventudes prueban nuevas ideas. Se construye confianza. El aprendizaje ocurre de manera colectiva.

Entre niñas y niños que aprenden a sembrar y personas agricultoras que continúan aprendiendo a observar, experimentar y cooperar, Casa de Meio teje conocimientos arraigados en el territorio: saberes que conectan a las personas, el suelo y la comunidad, y que sostienen la esperanza de un futuro compartido.

Hoy, quienes cultivan en Casa de Meio reconocen que persisten muchos desafíos: la escasez de agua, el cambio climático, la dependencia de insumos externos, la falta de mano de obra y mercados que subvaloran la producción local. Sin embargo, existe una visión compartida de futuro. La formación continua, la combinación de saberes tradicionales y científicos, y el fortalecimiento de las organizaciones locales se consideran claves para avanzar.

En Casa de Meio, la agroecología ya no es solo un conjunto de técnicas. Se ha convertido en una pedagogía viva y en un proceso colectivo de construcción de resiliencia, en el que las juventudes lideran. En un territorio marcado por la incertidumbre climática, una convicción se impone: cuidar la tierra hoy es la mejor garantía para el mañana.


Autores: Amilton Ary Lopes (34) es de la isla de Santo Antão. Es biólogo y técnico regional en agroecología en la Asociación para la Defensa del Patrimonio de Mértola (ADPM), delegación de Cabo Verde. David Monteiro Fonseca (40) es de la comunidad de Casa de Meio. Es agrónomo y agricultor, y actualmente es presidente de la AJACM (Asociación de Jóvenes Agricultores de Casa de Meio). Miguel Carvalho Ribeiro (32) es biólogo y consultor en agroecología, especializado en agricultura regenerativa, gestión forestal sostenible y restauración de ecosistemas. Contacto: adpmcirawa@gmail.com

Este artículo forma parte del número 4-2026: Las juventudes liderando la agroecología.