LA OSA es un supermercado cooperativo y participativo en Madrid que busca transformar el sistema alimentario para sus cientos de personas socias y productoras, consolidando un espacio de soberanía alimentaria. En 2024, un grupo de jóvenes miembros de LA OSA impulsó un proceso colectivo para atraer a más personas jóvenes hacia el supermercado.
Una de las características que distingue a LA OSA de una tienda convencional es la energía que se invierte en conectar a quienes consumen con quienes producen, a través de una amplia variedad de actividades impulsadas por el compromiso y el entusiasmo de sus integrantes.
Algunas de las personas jóvenes que hoy formamos parte nos conocimos en una de estas actividades: el Encuentro Campesino de 2024. Allí acuñamos el término oseznas para referirnos a nuestro grupo y comenzamos a imaginar que, poco a poco, más compañeras y compañeros se sumarían a nuestros encuentros.
Estos espacios se convirtieron en un verdadero lugar para cultivar vínculos más allá del día a día del supermercado. Participamos en talleres sobre miel, mimbre o vino, al tiempo que tomábamos conciencia de los desafíos que enfrentan las y los productores rurales en nuestros territorios.
Estos espacios nos permitieron compartir nuestras experiencias y miradas como personas jóvenes dentro de LA OSA. En nuestras conversaciones también surgieron percepciones comunes, especialmente en torno a la importancia del sentido de comunidad que promueve el supermercado y al descubrimiento de una forma distinta de organizarse.
En comparación con las experiencias cotidianas en otros sistemas de consumo alimentario, el funcionamiento de un supermercado cooperativo resulta llamativo. Las personas socias perciben el cuidado y la solidaridad como elementos centrales, y responden con ese mismo cuidado y solidaridad hacia el propio supermercado.
Esto se refleja en los distintos mecanismos democráticos para seleccionar productos alineados con los valores de la soberanía alimentaria, en las estrategias para evitar el desperdicio a toda costa y en el cuidado colectivo del espacio.
Un concepto difícil de explicar
Al compartir estas reflexiones, surgió el deseo de acercar LA OSA a más personas jóvenes. Hablamos de lo difícil que resulta explicar su esencia a amistades, del mismo modo que a nosotras mismas nos había costado comprenderla al principio. Por muchas explicaciones que recibiéramos, no logramos entender realmente el supermercado hasta formar parte de él.
Las personas socias perciben el cuidado y la solidaridad que se les brinda como algo central
Al intentar explicarlo, aunque podíamos describir el concepto y el espacio, sentíamos que las palabras no eran suficientes. Llegamos a una conclusión compartida: “Si no lo ven, no lo van a creer”.
Por eso decidimos crear un grupo de oseznas para pensar cómo compartir esta experiencia colectiva tan difícil de transmitir. Queríamos encontrar formas de ayudar a otras personas a entender qué es este supermercado y qué se siente al formar parte de él.
Los tours de LA OSA: una experiencia más allá de la compra
En LA OSA, la experiencia va más allá de comprar. Implica sostener la vida cotidiana del proyecto: desde tareas operativas – como atender caja, revisar fechas de caducidad o reponer productos – hasta participar en comisiones que organizan asambleas, eventos o iniciativas como la reducción del uso de plástico.
Todas estas tareas son la base que sostiene el proyecto y configuran profundamente la experiencia de quienes participan. Para comprender el supermercado, era necesario vivir esa cotidianidad.
Por eso diseñamos una actividad dirigida a personas no socias que les permitiera conocer LA OSA desde dentro. Así nacieron los tours de LA OSA: encuentros pensados para acercar a amistades y a otras personas jóvenes interesadas – incluso a las más escépticas – al funcionamiento y espíritu del proyecto.

Durante el diseño partimos de nuestras propias experiencias: nos preguntamos qué prejuicios podían existir, qué despertaría curiosidad y qué aspectos podrían resultar más atractivos.
El primer tour fue con personas cercanas a cada osezna. La estructura se mantuvo similar en los siguientes: recorrido por la cooperativa, desayuno compartido y, finalmente, una explicación más teórica. Pronto coincidimos en que lo esencial estaba en las dos primeras partes, centradas en los sentidos – la vista y el gusto -, dejando lo conceptual para el final.
Los desayunos eran financiados colectivamente y preparados con nuestros productos favoritos, creando una experiencia compartida también a través del sabor. Así, no solo transmitíamos ideas, sino que construíamos significados en torno a la comida.
Tras varios encuentros, evaluamos la experiencia. Algunas personas decidieron hacerse socias, lo que nos animó a explorar nuevos formatos y espacios, como la universidad o centros socioculturales del barrio.
Ampliando nuestro alcance
La Universidad Autónoma de Madrid está ubicada muy cerca de LA OSA, así que, a través de los vínculos de algunas de las oseznas, organizamos allí una actividad. Al tratarse de un espacio de producción de conocimiento, nos interesaba explorar el papel de LA OSA a partir de un análisis más profundo de los desafíos actuales del sistema alimentario, especialmente en el contexto madrileño. Al mismo tiempo, queríamos mantener el enfoque que había guiado las visitas: priorizar la experiencia sensorial como puerta de entrada a la reflexión.
Se articularon el ver y el probar como formas de comprender
Por eso, la charla estuvo acompañada de una degustación de productos seleccionados colectivamente y de un taller participativo facilitado por compañeras de Justicia Alimentaria, una organización aliada que trabaja por la transformación del sistema alimentario. Mientras degustábamos los alimentos, planteamos preguntas como: “¿Qué es LA OSA y cómo la vivimos como personas jóvenes que participamos en ella?” y “¿Qué potencial tiene este tipo de iniciativa para construir sistemas alimentarios alternativos?”. En este contexto, la premisa inicial – “si no lo ven, no lo creen” – se complementó con otra: “si no lo prueban, no lo conocen”.
En el barrio
Más adelante, nos preguntamos: ¿por qué no acercar también LA OSA a asociaciones y colectivos que, como nosotras, ponen la comunidad en el centro? Esto dio lugar a una actividad en un centro sociocultural de barrio. Gracias a contactos previos, la propuesta fue bien recibida y pudimos diseñar un formato que integraba aún mejor los elementos teóricos y experienciales.
La cercanía entre el espacio comunitario y el supermercado nos permitió combinar todas las dimensiones en las que habíamos estado trabajando: una breve presentación, una degustación de productos y una visita posterior a LA OSA. De este modo, se articularon las dos ideas que guiaban el proceso de acercamiento – ver y probar como formas de comprender -. Esta actividad no solo fortaleció los vínculos con la comunidad local, sino que también despertó el interés de nuevas personas jóvenes, dos de las cuales decidieron sumarse a la cooperativa.
Estas experiencias ponen de relieve la importancia de co-crear procesos desde una perspectiva juvenil, en diálogo con otras generaciones, para ampliar la base social de las iniciativas de base.
A través de las visitas y otras actividades, logramos construir respuestas a una inquietud compartida: ¿cómo transmitir la cultura comunitaria que sostiene LA OSA a personas jóvenes que aún no forman parte de ella, mediante iniciativas diseñadas e impulsadas por nosotras mismas? Esta historia ofrece una pequeña muestra del potencial transformador de la acción intergeneracional cuando se construye de manera colectiva.
Autora: Gadea Claver Barrios (26) es miembro del consejo rector del supermercado cooperativo participativo LA OSA. Actualmente es investigadora predoctoral en el CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid, donde trabaja sobre sistemas agroalimentarios territorializados.
Este artículo forma parte del número 4-2026: Las juventudes liderando la agroecología.

